Raúl Fraga Juárez
“El disimulo” de Rocha Moya, ¿ficción o confesión? ¿Purga en Morena hacia la aduana electoral 2027 El fin de la inmunidad heredada para la dinastía
El anticlimático y escandaloso caso de Rubén Rocha Moya —marcado por los tumbos políticos en que ha incurrido desde su candidatura a la gubernatura de Sinaloa, en su accidentada gestión y su reciente retorno sin gloria tras una licencia temporal— ha desatado los relámpagos políticos de agosto de 2026. Este sismo no es menor: impacta directamente en la línea de flotación de la Cuarta Transformación, agrietando y colocando en riesgo de verse perforada la otrora impenetrable coraza que blindó al lopezobradorismo en su campaña presidencial de 2018 y durante el sexenio 2018-2024.
La rebelión de Rocha Moya que le llevó a retornar al Palacio de Gobierno de Culiacán apenas duró 33 horas. Su improvisado e improvisado intento por reincorporarse a la gubernatura chocó de frente con un implacable muro en la capital del país, detonando un rotundo deslinde por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum y el bloque de gobernadores morenistas. Obligado a tramitar una nueva licencia, ahora indefinida, su estrepitosa caída no solo exhibió sus pasivos judiciales, sino que aceleró de manera abrupta el tablero de la sucesión interna rumbo a las elecciones intermedias de 2027. El manotazo presidencial fue inmediato: en paralelo al nombramiento de la diputada Graciela Domínguez para el interinato sinaloense, a nivel central se operó la designación de la senadora Imelda Castro como próxima coordinadora en la entidad, devorándose los tiempos del partido. El pragmatismo centralista mandó un mensaje contundente: el movimiento no cargará con lastres territoriales que pongan en riesgo la hegemonía legislativa y las 17 gubernaturas en juego.
EL FACTOR WASHINGTON Y LOS TRES ESCENARIOS DEL ASEDIO INTERNACIONAL
Más allá de las fronteras partidistas, la defenestración de Rocha Moya abre una compleja caja de Pandora en las relaciones bilaterales con Estados Unidos, elevando el conflicto a una dimensión geopolítica crítica. La acusación formalizada por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York —que vincula al exmandatario en una presunta conspiración con «Los Chapitos» tras el polémico arresto de Ismael «El Mayo» Zambada— ha colocado la soberanía judicial de México bajo un asedio inédito. El caso perfila tres escenarios de alta tensión en la mesa de la diplomacia transfronteriza:
- El escenario de la extradición: Las agencias estadounidenses, con la DEA a la cabeza, presionan abiertamente para que Rocha Moya sea detenido y deportado. Para Palacio Nacional, ceder implicaría aceptar la narrativa de un «narcoestado» local, mientras que la oposición exige su inmediata entrega ante la supuesta incapacidad de investigarlo con rigor en suelo mexicano.
- El repliegue nacionalista («mejor preso en México»): En los pasillos políticos cobra fuerza la estrategia de mantener al exgobernador bajo el cobijo de las carpetas de investigación de la Fiscalía General de la República (FGR). Al procesarlo internamente por el homicidio de Héctor Melesio Cuén, la administración de Sheinbaum buscaría desactivar las órdenes de captura norteamericanas, blindando los secretos de las operaciones electorales de Morena de los tribunales neoyorquinos.
- La moneda de cambio comercial: El escándalo contamina la agenda bilateral. Con México negociando sectores estratégicos como el acero, aluminio y automóviles frente a Washington, el expediente criminal de Sinaloa amenaza con ser utilizado por la Casa Blanca como un ariete de presión política para arrancar concesiones arancelarias y migratorias a un gobierno federal acorralado por el relato de la corrupción regional.
DE LA LITERATURA A LA PRÁCTICA POLÍTICA: ¿PROFECÍA O CONFESIÓN?
Es precisamente bajo este asedio internacional donde la opinión pública y diversos analistas políticos rescataron una pieza literaria maldita del pasado del gobernador Rocha Moya: su novela «El Disimulo: así nació el narco», publicada originalmente en 2014 y presentada en la Feria del Libro de Mazatlán, donde irónicamente tuvo como comentarista al propio Héctor Melesio Cuén. Lo que nació como una obra de ficción ha dejado de serlo para convertirse, a ojos del debate nacional, en una especie de «profecía”, dicen algunos, o hasta “confesión», pregonan otros, de su propia realidad.
Ambientada en «Chepederas» (un espejo literario de su natal Badiraguato), la obra de Rocha Moya expone tesis de un realismo cínico descarnado:
- El disimulo como motor: Plantea que el crimen organizado opera y sobrevive en la sombra gracias a que las autoridades aplican el ingenio, miran hacia otro lado y cobran por ese «disimulo».
- Complicidad del Estado: Expone que el fenómeno nace, crece y se expande al amparo y protección del propio Estado y sus redes de corrupción.
- Normalización social: Narra el quiebre del tejido social rural, donde la falta de oportunidades reduce las opciones de los jóvenes a la siembra y tráfico de enervantes.
La ironía es brutal. En el libro, Rocha concluye textualmente que la clave consiste en “aplicar el ingenio, pagar el disimulo…”. Hoy, los críticos señalan que el autor que describió el pacto institucional con el narco como vía de supervivencia terminó gobernando bajo esas mismas reglas. El morbo público se disparó al recordar los diálogos ficticios entre los personajes «Melcho Insunza» y «Rubén Cázares», una coincidencia casi milimétrica con su círculo más cercano en la vida real, encabezado por su exsecretario de Gobierno y senador, Enrique Inzunza Cázarez. La línea entre la ficción de 2014 y la estructura gubernamental actual simplemente se borró.
¿COMO AFECTA ESTA CRÍTICA COYUNTURA AL EXPRESIDENTE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR?
El impacto en la figura del expresidente Andrés Manuel López Obrador es directo, profundo y agrieta la narrativa de infalibilidad que construyó sobre sus decisiones de Estado. La caída de Rubén Rocha Moya no solo altera la gobernabilidad actual, sino que sacude los cimientos éticos del mandato anterior a través de tres vertientes críticas:
- El colapso de la «fraternidad política»: Durante años, López Obrador defendió a capa y espada al mandatario sinaloense, catalogándolo públicamente como su «compañero» y «hermano». Hoy, con Rocha cercado por expedientes de la Fiscalía de Nueva York y carpetas de la Fiscalía General de la República (FGR), aquellas muestras de confianza incondicional son utilizadas por los críticos para argumentar que el expresidente prohijó o minimizó las alertas del empoderamiento criminal en la región, desnudando un costo histórico para su legado.
- La sombra del «padrinazgo» y la rebelión fallida: El regreso exprés de Rocha Moya a la gubernatura por escasas 33 horas desató intensas especulaciones y análisis que apuntaban a que el sinaloense habría consultado o recibido el aval del expresidente en Palenque para intentar recuperar el cargo. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum zanjó el tema de manera tajante calificándolo como «política ficción», el morbo público y la narrativa de una supuesta injerencia o «guerra de señales» desde el retiro de López Obrador alimentaron la tesis de una fractura sorda dentro de las facciones del movimiento.
- El juicio al modelo de seguridad regional: Sinaloa fue el epicentro geográfico donde más se cuestionó la estrategia de seguridad del sexenio anterior. Las acusaciones formales de las agencias de Estados Unidos contra la estructura de Rocha Moya dinamitan el relato de que la pacificación del Pacífico se lograría mediante el repliegue y los programas sociales. Para la historia, el expediente sinaloense amenaza con quedar registrado como el talón de Aquiles de la gestión obradorista: el territorio donde el pragmatismo electoral de Morena supuestamente toleró las «reglas del disimulo» institucional a cambio de una estabilidad política que terminó por estallar.