En Querétaro, entidad que durante años fue presentada como un “oasis” de seguridad, autoridades federales anunciaron la detención de 30 integrantes de una célula criminal dedicada a la venta de drogas, extorsión y reclutamiento, tras la ejecución de 12 cateos en la capital del estado.
El operativo fue resultado de meses de investigación encabezados por el Centro Nacional de Inteligencia, en coordinación con la Secretaría de Marina, la Fiscalía General de la República, la Defensa, la Guardia Nacional y autoridades estatales. Entre los detenidos se encuentran 21 hombres y nueve mujeres, incluido uno de los principales operadores del grupo delictivo.
Durante los cateos se aseguraron armas de fuego, cartuchos, dosis de droga, dinero en efectivo, vehículos y dispositivos electrónicos. Sin embargo, el hecho de que una célula con capacidad de reclutamiento y operación sostenida haya logrado establecerse en la capital queretana cuestiona el discurso de control territorial y prevención del delito que por años han sostenido las autoridades locales y federales.

MARINA LOCALIZA Y ERRADICA 35 PLANTÍOS DE AMAPOLA EN EL ESTADO DE NAYARIT
En el estado de Nayarit, la Secretaría de Marina informó la localización y erradicación de 35 plantíos de amapola en comunidades serranas del municipio Del Nayar, una de las regiones históricamente más marginadas y golpeadas por la economía ilícita. De acuerdo con el reporte oficial, los sembradíos se encontraban en los poblados de Guacamayas, Las Crucecitas y Chuparrosa, y ocupaban una superficie aproximada de 94 mil metros cuadrados, donde fueron destruidas cerca de 1 millón 880 mil plantas.
El operativo se realizó mediante patrullajes terrestres de vigilancia y disuasión, una estrategia que se repite año con año en esta zona sin que existan datos públicos que indiquen una reducción sostenida de la siembra de amapola o alternativas económicas viables para las comunidades que dependen de estos cultivos. Aunque la Marina sostiene que estas acciones “debilitan las capacidades de los grupos delictivos”, especialistas han advertido que la erradicación sin políticas sociales de fondo suele provocar el simple desplazamiento de los plantíos hacia otras áreas o su reaparición meses después.
La amapola, base para la producción de heroína y otros opioides, sigue siendo sembrada en regiones donde el Estado llega principalmente con operativos militares, pero no con infraestructura, servicios básicos o proyectos productivos que ofrezcan una salida real a la economía criminal. En ese contexto, la erradicación funciona más como un mensaje político que como una solución estructural al problema.
Ambos casos reflejan una constante: los golpes operativos, aunque mediáticamente efectivos, no logran modificar las condiciones que permiten la reproducción del crimen organizado. La erradicación de plantíos en zonas indígenas empobrecidas y las detenciones masivas en ciudades consideradas “seguras” muestran dos caras del mismo fenómeno: un Estado que llega tarde, fragmentado y, muchas veces, únicamente con la fuerza.
Mientras las instituciones reiteran su compromiso con la seguridad, los datos y los hechos sugieren que la estrategia sigue siendo reactiva. Sin atención a las causas estructurales —pobreza, desigualdad, falta de oportunidades y control territorial real—, los operativos continuarán acumulándose sin que ello signifique una reducción tangible de la violencia ni del negocio criminal en el país.