La disputa interna del Cártel de Sinaloa ha convertido a mujeres y niñas en objetivos de secuestros, desapariciones, asesinatos y represalias, en una crisis donde el crimen organizado se mezcla con feminicidios, agresiones de pareja y debilidad institucional.
La guerra que desde hace dos años libran las facciones enfrentadas del Cártel de Sinaloa está dejando una huella particularmente grave entre las mujeres. Ya no son únicamente víctimas colaterales de los enfrentamientos: en numerosos casos se han convertido en objetivos deliberados, utilizadas como instrumentos de represalia, fuentes de información o mensajes dirigidos contra integrantes de organizaciones rivales.
Así lo documenta la periodista Paulina Villegas en un amplio reportaje publicado el pasado 31 de agosto por The New York Times, titulado “Esto es un nido de serpientes”: mujeres y niñas, víctimas de la guerra del narco en Sinaloa, en el que expone cómo la violencia criminal, las desapariciones y los feminicidios se entrelazan en Sinaloa.
El trabajo comienza con la historia de Nadia Berrelleza, quien lleva casi un año buscando a su hermana Cecilia, de 31 años, desaparecida en julio de 2025 después de salir a comer con unas amigas en Mazatlán.
Desde entonces, Nadia ha reconstruido sus últimos movimientos, revisado mensajes, fotografías y videos y seguido cualquier pista que pudiera conducirla hasta ella. También ha enfrentado intentos de extorsión y recibió una imagen en la que supuestamente aparecía Cecilia cautiva, aunque investigadores determinaron que había sido creada mediante inteligencia artificial.
La desesperación la llevó a realizar sus propias investigaciones. Llegó a disfrazarse de hombre para acudir a un rancho de las afueras de Mazatlán donde le aseguraron que tenían retenida a su hermana. En otra ocasión se hizo pasar por una persona indigente para vigilar una supuesta casa de seguridad en Culiacán.
Policías ingresaron posteriormente al inmueble y encontraron armas y drogas, pero ninguna señal de Cecilia.
De esa experiencia surgió la frase que da título al reportaje: “Esto es un nido de serpientes”.
La expresión resume el sentimiento de indefensión que, según Nadia, enfrentan las familias de personas desaparecidas. En Sinaloa, sostiene, los ciudadanos están prácticamente solos frente al poder de los grupos criminales, mientras las autoridades enfrentan dificultades para actuar ante organizaciones con capacidad de intimidación y violencia.
UNA CRISIS QUE GOLPEA A LAS MUJERES
Las cifras citadas por The New York Times dimensionan el problema. Durante 2025 fueron asesinadas 105 mujeres en Sinaloa, la cifra más alta registrada en 14 años y casi el doble de la correspondiente al año anterior.
En ese mismo periodo, 299 mujeres fueron reportadas como desaparecidas. De los 105 homicidios, 73 fueron investigados como feminicidios.
La situación continuó durante 2026. Hasta julio, Sinaloa nuevamente encabezaba las cifras nacionales de asesinatos de mujeres y acumulaba 153 desapariciones de mujeres durante el año.
A este panorama se suma la escasa respuesta judicial. La investigadora Lydia Ojeda, de la Universidad Autónoma de Sinaloa y especialista en feminicidios, señala que apenas alrededor de 8 por ciento de los casos registrados entre 2015 y 2026 terminaron con una condena.
La falta de resultados obliga a familiares a asumir tareas que deberían corresponder a las instituciones: seguir pistas, recorrer lugares, revisar redes sociales y acudir a sitios donde presuntamente podrían encontrarse las personas buscadas, aun con el riesgo de encontrarse con los mismos grupos criminales.
MUJERES COMO “BLANCOS ESTRATÉGICOS”
Uno de los principales hallazgos del trabajo de Paulina Villegas es que las mujeres han adquirido un papel distinto dentro de la guerra entre las facciones del Cártel de Sinaloa.
Para su investigación, The New York Times entrevistó a cuatro integrantes del Cártel de Sinaloa —tres hombres y una mujer— pertenecientes a los grupos enfrentados.
Sus testimonios describen por qué esposas, novias, hermanas, madres y amigas pueden convertirse en objetivos. Por sus vínculos personales pueden conocer información sobre escondites de líderes, casas de seguridad, depósitos de armas y drogas o mecanismos para mover dinero.
Esa información puede colocarlas en la mira de grupos rivales. Algunas son secuestradas bajo sospecha de haber entregado datos a las autoridades o a otra organización.
Pero también existen motivos personales. De acuerdo con los testimonios recogidos por el periódico, una mujer puede ser atacada por haber tenido una relación con determinado hombre, mantener amistad con la pareja de un integrante del grupo o rechazar las pretensiones de algún miembro de la organización.
La guerra criminal termina así penetrando en relaciones familiares y sentimentales.
El papel de algunas mujeres dentro de las propias estructuras delictivas también ha cambiado. Anteriormente eran utilizadas principalmente para mover dinero, llevar mensajes o custodiar armas y drogas. Ahora, ante la muerte o detención de numerosos hombres, algunas han asumido funciones de mayor responsabilidad, entre ellas organizar secuestros, participar en interrogatorios e incluso ejecutar homicidios.
VIVIAN KARELY, OTRA HISTORIA DE VIOLENCIA
El reportaje presenta también la historia de Vivian Karely Aispuro, de 26 años.
En marzo de 2025 salió a una fiesta con su hermana y amigas y nunca regresó. Diecisiete días después, su cuerpo fue localizado en un camino de terracería en Culiacán.
Su hermana, Alma Daniela, aparece en el trabajo periodístico sosteniendo un retrato de Vivian. La familia considera que una conocida pudo haberla drogado y llevado a la casa de un exnovio, quien posteriormente fue acusado del asesinato.
Según los fiscales citados por el Times, Vivian recibió un golpe en el rostro con un tarro de cerveza y fue abandonada hasta morir desangrada. Sus familiares cuestionan que otra mujer relacionada con las últimas horas de Vivian no haya sido investigada como posible cómplice.
Antes de su muerte, Vivian había cambiado considerablemente durante aquella relación. Se volvió retraída, ansiosa e insegura de su aspecto físico, dejó prácticamente de comer y vivía con miedo.
Su caso muestra cómo los conflictos de pareja pueden coincidir con las dinámicas de una región dominada por la presencia del crimen organizado.
CUANDO LOS MÉTODOS DEL NARCO OCULTAN OTROS CRÍMENES
Paulina Villegas también aborda el asesinato de Barbara Yáñez Uriarte y su hijo Dante, de cinco años, ocurrido a finales de 2024.
El crimen fue inicialmente relacionado con organizaciones criminales debido a que la vivienda fue incendiada, una práctica vinculada con los cárteles. Posteriormente, fiscales acusaron al padre del menor de haber cometido los asesinatos.
La historia muestra hasta qué punto la violencia del narcotráfico ha alterado la percepción de los crímenes en Sinaloa. Los métodos asociados con los cárteles pueden incluso ser utilizados para intentar desviar una investigación y hacer pasar un crimen familiar como parte de una disputa entre organizaciones.
El reportaje de The New York Times retrata, en suma, una guerra criminal que ha dejado más de 4 mil muertos, según el periódico, y que ha extendido sus efectos mucho más allá de quienes participan directamente en los enfrentamientos.