La mayoría de los principales cabecillas del Cártel de Sinaloa están tras las rejas en Estados Unidos, y su cooperación con las autoridades podría derivar en un “sismo político” de gran magnitud en México.
Se espera que en los próximos meses se presenten narcodenuncias formales por parte de estos detenidos, quienes poseen información clave sobre una red de políticos mexicanos presuntamente involucrados con el narcotráfico.
Este escenario amenaza con exponer las conexiones entre el crimen organizado y sectores del poder político, profundizando la ya deteriorada relación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad.

EL OCASO DEL CÁRTEL DE SINALOA PARECE INEVITABLE
Con la captura de Ismael «El Mayo» Zambada el 25 de julio de 2024, la estructura de la organización ha comenzado a desmoronarse.
Así lo advierte el periodista Luis Chaparro, quien en entrevista con José Cárdenas explicó que la caída del último gran líder de la organización provocará una guerra interna sin precedentes.
«Creo que ahora cayó el árbol que daba más sombra dentro de ese cártel, lo que crea una guerra intestina», puntualizó Chaparro.
Según el periodista, el Cártel de Sinaloa se ha ido fragmentando a lo largo de los años por múltiples factores: detenciones, traiciones y asesinatos entre sus líderes.

Con la reciente detención del «Mayo», ese proceso se acelera.
Chaparro anticipa que la organización como tal dejará de existir en un plazo de cinco años.
En su lugar, quedarán facciones dispersas, pequeños grupos con menor cohesión y más violentos, que lucharán por el control de territorios y rutas.
La descomposición del cártel sinaloense ya está teniendo consecuencias visibles.
En Culiacán, Sinaloa, se han registrado enfrentamientos continuos entre grupos armados y fuerzas federales.

Por tres días consecutivos, la ciudad fue escenario de tiroteos, bloqueos, vehículos incendiados y suspensión de clases, lo que muestra el grado de descontrol en la zona.
Ni el despliegue del Ejército mexicano ha logrado contener la violencia generada por las pugnas internas.
Además, la detención del «Mayo» Zambada no solo sacudió al cártel, sino que también levantó sospechas sobre posibles nexos entre el crimen organizado y figuras políticas.
Chaparro señaló que Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, y Héctor Melesio Cuén, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, fueron señalados como partícipes de una presunta reunión con el capo.
Rocha Moya ha negado cualquier vínculo, mientras que Cuén fue asesinado el mismo día que Zambada fue capturado, lo cual ha encendido aún más las alarmas sobre un posible ajuste de cuentas o intento de silenciar testigos incómodos.

CRISIS EN EL CJNG
En paralelo, el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), que durante la última década se consolidó como el principal rival del Cártel de Sinaloa, también enfrenta su propia crisis.
Su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», ha mantenido un perfil bajo, y las acciones de la organización han sido cada vez más erráticas.
Aunque algunos analistas han especulado sobre la posibilidad de que el CJNG intente ocupar los territorios sinaloenses, Chaparro considera que aún es muy pronto para afirmarlo.
«Por ahora es muy aventurado hablar de otros grupos que se quieran meter al territorio de Sinaloa», sostuvo.
La violencia generada por la desintegración del Cártel de Sinaloa podría replicar lo ocurrido con el Cártel de Juárez en Chihuahua, que tras su fractura dio paso a una escalada de violencia y al surgimiento de nuevos grupos criminales más agresivos y menos controlados.
La historia podría repetirse en Sinaloa y otras regiones, especialmente en un contexto de falta de liderazgo claro, intereses cruzados y una autoridad estatal rebasada.

RECONFIGURACIÓN DEL MAPA DEL NARCOTRÁFICO
La extinción del Cártel de Sinaloa no implica una victoria inmediata para las autoridades. Por el contrario, puede representar una etapa aún más violenta del crimen organizado en México, con múltiples actores disputándose territorios clave.
Además, la presión de Estados Unidos sobre los capos detenidos para que cooperen con las investigaciones podría derivar en la revelación de vínculos comprometedores que afecten a funcionarios actuales o pasados.
En ese sentido, la cuenta regresiva para una serie de explosivas declaraciones ya comenzó.
Las agencias estadounidenses esperan que estos líderes criminales compartan información detallada sobre el funcionamiento interno del cártel, sus operaciones de lavado de dinero y, sobre todo, las redes de protección política que les permitieron operar durante décadas con impunidad.
Si esas listas de políticos salen a la luz, el impacto será devastador.

No solo se trataría de una purga dentro del crimen organizado, sino también dentro de las instituciones políticas mexicanas.
El país podría enfrentar una crisis institucional sin precedentes, al tiempo que se profundiza la intervención estadounidense en el combate al narcotráfico.
El futuro inmediato pinta incierto.
Por un lado, la caída del Cártel de Sinaloa y la crisis del CJNG anuncian una reconfiguración del mapa del narcotráfico en México.
Por el otro, la posibilidad de que los capos detenidos colaboren con la justicia estadounidense abre un frente político de enormes implicaciones.
México se asoma a una tormenta perfecta, en la que el colapso del crimen organizado no trae paz, sino un nuevo ciclo de violencia y desestabilización.