Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder del cartel de Sinaloa, fue condenado a pasar el resto de su vida aislado en una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos, luego que el juez de Nueva York, Brian Cogan, le dictó una condena de cadena perpetua por narcotráfico, seguida por otra pena de 30 años de prisión por el delito de  violencia con armas y 20 años adicionales por blanqueo de dinero.

La sentencia ya era esperada por la carrera delictiva de Guzmán Loera durante las tres décadas que encabezó la mayor organización de narcotráfico entre México y Estados Unidos.

El acusado pudo hablar antes de recibir el fallo judicial y utilizó el espacio para criticar su reclusión, la cual calificó como una «una tortura psicológica, emocional y mental durante 24 horas». También calificó su proceso judicial como injusto.

El Chapo, de 62 años, fue arrestado por tercera vez en enero de 2016, luego de dos fugas de penales de máxima seguridad en México. Un año después fue extraditado a EEUU, donde un jurado popular le declaró culpable por 10 delitos penales tras 11 semanas de juicio.

El principal cargo, dirigir el cártel de Sinaloa, agravada por conspirar para distribuir droga, el uso sistemático de armas de fuego y el lavado de dinero. Sin embargo, el grupo criminal permanece como el blanco del gobierno estadounidense en el tema de tráfico de droga en México.

El Departamento de Justicia estadounidense buscaba la sentencia de cadena perpetua. En EEUU basta con traficar más de 150 kilos de cocaína y obtener 10 millones de dólares con su venta para ser encerrado de por vida. Al “Chapo” se le imputaron 27 delitos, de los cuales se comprobó que cometió 25.

Además, le fueron incautados 12 millones 666 mil  dólares que habría obtenido como ganancia por sus actividades ilegales. Este monto equivale a la cantidad de droga que el jurado comprobó fue traficada por Guzmán Loera a partir de las pruebas presentadas por la acusación y los testimonios de 14 testigos cooperantes, entre ellos, Jorge Cifuentes o los hermanos Flores.

Estos testigos de cargo relataron cómo suministraron cantidades masivas de cocaína a “El Chapo” para que la distribuyera en EEUU, pues era considerado el traficante más rápido en ese país, por lo que se estableció una sociedad con su organización.

La Fiscalía concluyó que “El Chapo” Guzmán traficó durante tres décadas unas 528 toneladas de cocaína, por un valor estimado en el mercado de 11 millones 810 mil dólares, así como 423 toneladas de marihuana, con ganancias por 846 millones de dólares y 202 kilogramos de heroína, por 11 millones más. Son cantidades probadas y que se consideran “conservadoras” respecto a los montos que en efecto habría introducido el capo a los EEUU.

Además, se le acusó por conspirar en el asesinato de unos 26 individuos que representaban una amenaza para el cartel de Sinaloa, entre ellos, informantes, miembros de organizaciones rivales, agentes de seguridad, incluidos familiares de los miembros del cártel.

El juez estableció que estas pruebas eran abrumadoras y demostraron que Guzmán ordenó el  secuestro, la tortura y el asesinato como herramientas para disciplinar a los miembros de la organización y afectaban sus intereses.

En el proceso judicial se comprobó la forma en que el cártel operaba y movía el dinero para funcionar. Los retornos que generaba la venta de la droga se reinvertían en nuevos cargamentos, dar seguridad a los enviados a través de sobornos a las autoridades y financiar las guerras con organizaciones rivales, así como utilizar diferentes métodos para blanquear el efectivo.

El reto ahora es identificar las propiedades y sociedades que utilizó El Chapo, pues fue incluido en la lista de multimillonarios de la revista Forbes, aun cuando su defensa alegó que es solo un pobre campesino endeudado que pasó su vida huyendo de la justicia y que el verdadero líder de la organización es Ismael “El Mayo” Zambada, quien sigue prófugo.

El caso ha demostrado también cómo la sed de notoriedad y la ambición de El Chapo por controlarlo todo fueron la causa de su caída.

La siguiente acción que busca ejercer la justicia estadounidense es detener a los “Chapitos”, hijos del capo, de nombres Joaquín y Ovidio. De ser arrestados, serían extraditados a EEUU para enfrentar un juicio en la corte federal en el distrito de Columbia..