Juan María Alponte

Leo en “The Nation comes of Age, A people’s History of the Ante-Bellum Years”, de Page Smith, el volumen cuarto. Reviso La guerra mexicana. En la página 236 se dice lo siguiente: “Las pérdidas americanas fueron de 1,721 soldados y oficiales muertos en batalla o a consecuencia de sus heridas y 11,155 que murieron de enfermedades adquiridas en el país. El costo de la guerra se calculó en 97 millones y medio”.

México perdió 1,522.241 kilómetros cuadrados: 689,836 de Texas; 838,405 de Nuevo México y Alta California, etc. Era el 51% del territorio original. Se formarían así los nuevos Estados de la Unión Americana: Texas, Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Utah y parte de Colorado, Oklahoma, Kansas y Wyoming. De los muertos y heridos mexicanos, como siempre, ni un dato. Impresiona ese desvarío.

Se ha encendido la chimenea de la casa. Me acerco. Uno de nuestros gatos, Ámbar, un Himalaya de asombroso pelo dorado cruzado por líneas bronceadas, se ha metido, a la vera de la chimenea, en el pequeño caldero de metal que ocupaba Shogún. Está caliente como si estuviera en una sauna. Abre lentamente sus asombrosos ojos y parece decirme “estoy mejor que tú”. No lo dudo.

El 1 de abril de 1812, Luis de Onis, embajador de España ante Estados Unidos –treinta y cuatro años antes de la guerra con Estados Unidos- escribía, así, al Virrey de Nueva España: “…V. E., se halla enterado ya por mi correspondencia, que este gobierno no se ha propuesto nada menos que fijar sus límites en la embocadura del Río Norte o Bravo, siguiendo su curso hasta el grado 31 y desde allí tirando una recta hasta el Mar Pacífico (sic), tomándose por consiguiente las provincias de Tejas, Nuevo Santander (habla de la parte de la colonia N. Santander, ahora Estado de Tamaulipas), Coahuila, Nuevo México y parte de la provincia de Nueva Vizcaya y la Sonora. Parecerá un delirio este proyecto a toda persona sensata, pero no es menos seguro que el proyecto existe, y que se ha levantado un plan expresamente de estas provincias por orden del gobierno, incluyendo también en dichos límites la Isla de Cuba, como una pertenencia natural de esta república…”. (Archivo Histórico Diplomático Mexicano, Número 20).

El primer ministro plenipotenciario (1825) de Estados Unidos ante México fue Joel Roberts Poinsett. Personaje central y de graves problemas para México. Presente en las Guerras de Independencia en el Cono Sur, fluente en español, llegó a tener cargos específicos en los iniciales gobiernos independentistas en Chile. En 1822 –había viajado por Europa y tenía una notable educación- visitó México y se entrevistó con Iturbide. Dice que tenía patillas rojas y que parecía un escocés. Escribió una obra sobre el país (Notas sobre México) en el que señala que algunos de los edificios de México eran incomparablemente superiores a los de Estados Unidos, pero que era imposible comparar la terrible pobreza de México con la de Estados Unidos. La desigualdad era ya un hecho.

Posteriormente Poinsett fue nombrado, como antes se dice, embajador de Estados Unidos en México. Trajo, con él, un arma de guerra: la masonería York que se enfrentó violentamente con la escocesa o conservadora lo que permite decir al doctor Mora, agudísimo y certero, que la misión de Poinsett fue dividir a los mexicanos en dos bandos irreconciliables y que ello tuvo consecuencias históricas. Finalmente (entre sus proposiciones estuvo ya la compra por 5 millones de dólares de Texas) los gobiernos mexicanos ante su influencia e intervencionismo (se llegó a decir que tenía verdadero poder) se pidió al gobierno de Estados Unidos que lo retirara.

En efecto, abandonaría el país seriamente dividido entre escoceses y yorkinos, el 16 de octubre de 1829, bajo el gobierno estadounidense de Andrew Jackson (séptimo presidente de Estados Unidos) fue retirado de México. Dejó problemas serios que todavía no se han evaluado.

Pero Poinsett no desapareció, al revés. En 1837, nueve años antes de la intervención militar de Estados Unidos en México, Poinsett fue nombrado (el 7 de marzo) Secretario de Guerra y lo fue desde el 7 de marzo de 1837 al 5 de marzo de 1841. ¿Se entiende la lógica de las decisiones?

El martes 28 de marzo de 1845 México rompió relaciones diplomáticas con Estados Unidos por razón de que, oficialmente, se procedió a la anexión de Texas a Estados Unidos. El 15 de junio el general Zachary Taylor, de acuerdo con las órdenes recibidas del Estado Mayor, ocupaba la región del Río Grande correspondiente a la frontera de Texas. El 29 de diciembre de 1845 Texas fue admitido como el 28 Estado de la Nación. El 13 de mayo de 1846 Estados Unidos declaraba la guerra a México.

Sesenta y siete wighs (liberales) se opusieron a la guerra, incluyendo a Garret Davis (de Kentucky) que hizo esta frase: “Es nuestro propio presidente quien comienza esta guerra”, “It is our own presidente who began this war”. El presidente en funciones era James Knox Polk, el número 11 de la serie.

El plan de campaña quedó a cargo del secretario de Guerra, William Learned Marcy y del general Winfield Scott. La guerra contra México tuvo significaciones precisas. El sucesor de James Knox Polk en la presidencia fue Zackary Taylor. Pertenecía a la generación de los guerreros. En efecto, fue un presidente que intervino en tres guerras: a) la de 1812 contra Inglaterra; b) la guerra contra los indios sublevados (1832, la Black Hawk War, desencadenada en el territorio de Illinois) y c) la guerra contra México.

Otro presidente más, Franklin Pierce (el decimocuarto) participó como coronel de infantería, en la guerra contra México. Fue herido en la batalla de Contreras (19 de agosto de 1847). Cuando recobró el conocimiento tomó otro caballo y se reunió con las tropas. Volvió a ser herido (20 de agosto de 1847) en Churubusco y, después, fue miembro de la Comisión del Armisticio en México. El 9 de diciembre de 1847, después de haber participado en la guarnición que ocupara Mexico City, se embarcó para Estados Unidos.

En la elección presidencial de 1852 en la que fue elegido Pierce como presidente (1,601.274 votos) por el Partido Demócrata, otro candidato (el del Partido Wigh o liberal) fue el general Winfield Scott que tuvo una función militar decisiva en la guerra contra México. Ello quiere decir en qué medida se evaluaba la gigantesca ampliación del territorio estadounidense.

Nota: mi gato Ámbar, perezoso y magnífico, ha salido, eufórico y caliente como una llama, del balde de cobre que está frente a la chimenea. Le ha reemplazado, inmediatamente, la enorme Chacha que apenas cabía en él y lo hizo tambalear. Finalmente se restableció la paz ante la chimenea.

En 1829, por airada tensión social, Poinsett, como antes señalé, tuvo que marcharse de México. La guerra que dejó tras sí, en el choque de las dos masonerías, la yorkista y la escocesa todavía, como de costumbre, no se ha evaluado críticamente, esto es, históricamente, es decir, como un problema real y no como una tentativa para la querella que, por ello, oculta y enmascara todo. Hasta hoy.