De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Salud (Ssa) seis de cada 10 medicamentos que se venden en México son falsos, caducos o robados y pueden ser conseguidos en tianguis, vía internet e incluso en farmacias establecidas, sin contar con receta médica, aun cuando se trate de medicinas controladas.

De acuerdo con la Fiscalía General de la República, el principal proveedor de medicinas de estas características es el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales más influyentes y violentas del país. Dicho grupo se dedica además a la producción de fármacos piratas y obliga a pequeñas y medianas farmacias a venderlos, principalmente los estados de Guanajuato, Jalisco, Guerrero y Michoacán.

De acuerdo con la Unión Nacional de Empresarios de Farmacias (Unefarm) México es el sexto lugar mundial en cuanto a la venta ilegal de medicamentos, con ganancias ilícitas de hasta 16 mil millones de pesos de ganancias anuales, con graves riesgos a la salud de quienes los consumen.

Mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 1% de los medicamentos que se venden en países desarrollados son apócrifos. Esta cifra crece al 10% en algunos países en desarrollo y alcanza hasta el 30% en regiones de Asia, África y Latinoamérica, según cálculos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

Representantes de 10 empresas farmacéuticas afectadas, declararon al periódico La Jornada que existe una gran preocupación por el riesgo de consumir medicamentos apócrifos, así como importantes pérdidas económicas, por lo que durante el mes de enero, interpusieron denuncias ante la FGR.

Entre los medicamentos “pirata” que han detectado, se encuentran tratamientos contra cáncer, VIH, paludismo, osteoporosis, diabetes, hipertensión, colesterol, males cardiovasculares y obesidad, así como Alzheimer, disfunción eréctil, asma, antibióticos, productos antisicóticos, esteroides, antiinflamatorios, analgésicos, antitusivos, hormonas y vitaminas.

Las zonas donde se ha identificado una presencia mayor de este tipo de mercancías apócrifas son el barrio El Santuario, en Guadalajara, Jalisco, donde entre 2011 y 2017, el gobierno federal decomisó 100 de las 500 toneladas decomisadas a escala nacional de estas mercancías, de acuerdo con los registros de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).

Esto, aun cuando México es el segundo mercado más grande de América Latina en la industria farmacéutica, reconocido por la producción de medicamentos de alta tecnología, entre ellos,  antibióticos, antiinflamatorios y tratamientos contra el cáncer, entre otros.

En nuestro país se encuentran fábricas de 14 de los 15 principales laboratorios internacionales de fármacos, por lo que es considerado uno de los centros más importantes a nivel mundial, con operaciones de hasta el 1.2% de su Producto Interno Bruto (PIB) y 7.2 del PIB manufacturero.

Con estas cifras, anualmente la industria farmacéutica genera más de 185 mil millones de pesos y 678 empresas especializadas que son fuente de más de 65 mil empleos; la mayoría se ubican en la Ciudad de México, estado de México, Puebla, Michoacán y Jalisco.

Para revertir este problema, durante el 2019, el líder de Morena en el Senado, Ricardo Monreal,  presentó una iniciativa para sancionar la falsificación de medicamentos, así como su robo y venta ilegal, con penas de entre ocho y 30 años de prisión y una multa de 80 mil UMAs, sin embargo la medida no ha sido analizada por el resto de los legisladores.

Mientras tanto, Para los representantes de las diferentes farmacéuticas, el creciente problema de amenaza a la salud ha crecido, con las consecuencias económicas que esto representa. Además, desde el año pasado, los distribuidores de los diferentes laboratorios que operan legalmente en el país, confirmaron la fuerte influencia del crimen organizado en esta industria, incluyendo las extorsiones a dueños de farmacias para obligarlos a venderlos.

Las zonas más afectadas por estas prácticas son municipios como: Zapotlanejo, Tlajomulco de Zúñiga, Ocotlán y Atotonilco, en Jalisco; Aguililla, Coahuyana y Aquila, Vista Hermosa y Tanhuato, en Michoacán; Tixtla, Chilapa, Atoyac de Álvarez, Benito Juárez, Petatlán y José Azueta, en Guerrero, donde el CJNG opera, en algunos casos, asociado con otras organizaciones como La nueva familia michoacana y Los Granados.

También están disponibles en gigantescos tianguis del Valle de México como: Neza-Bordo, en Nezahualcóyotl; también en Santa Martha Acatitla y Santa Cruz Meyehualco en Iztapalapa; en San Felipe de Jesús, en Gustavo A. Madero, y Tepito en Cuauhtémoc, en la Ciudad de México; asimismo, en San Isidro y Loma Bella en Puebla, así como en mercados de la colonia Zapata y Ciudad Renacimiento, en Acapulco, Guerrero.

De acuerdo con los dueños de farmacias, los criminales les advierten que: “‘¡O los compras o los compras… y los vendes!’, así nada más. Amagan a los encargados o dueños y los obligan a comprar el producto y los obligan a colocarlos entre los medicamentos auténticos o de lo contrario son amenazados de muerte.

“Dialogamos con los propietarios de los negocios y así supimos y conseguimos muestras de varios medicamentos adulterados, los cuales sometimos a análisis y de esa forma sustentamos las denuncias ante la FGR”, dijeron los fabricantes, por lo que iniciaron las investigaciones en Guerrero, Michoacán, Guanajuato y Jalisco.

En los análisis hechos a estos medicamentos, se encontraron sustancias inocuas (placebos) o bien, una mínima cantidad de uno de los componentes de la fórmula patentada.

Tampoco tienen claro cómo es que los supuestos principios activos de estos medicamentos llegan a manos de la organización criminal, debido a que la comercialización de estas sustancias está bajo control gubernamental.

Las muestras obtenidas por los fabricantes también permitieron identificar que los falsificadores buscan perfeccionar sus copias y tratan de igualar colores, diseños y logotipos de cada caja y tamaño, sellos y hasta la manera en que cada pastilla o serie de cápsulas son empaquetadas.

El principal atractivo es la radical diferencia de precio, pues los medicamentos apócrifos cuestan hasta la quinta parte de un producto original.