Cárteles perdieron el respeto por la Iglesia; se acaba el aura de inmunidad frente al narco en México

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Sacerdotes asesinados Chihuahua

El pasado 20 de junio, dos sacerdotes jesuitas fueron asesinados en una iglesia de la comunidad de Cerocahui, en Chihuahua, junto a un guía turístico que buscaba refugio en el templo cuando era perseguido por una persona armada.

Los cuerpos de los clérigos, identificados como Javier Campos Morales, de 78 años y Joaquín César Mora Salazar, de 80 años, así como el de la tercera víctima, Pedro Eliodoro Palma, fueron robados tras el atentado, dos días después, fueron hallados. Convirtiéndose en un caso que acaparó las miradas nacionales e internacionales.

El crimen cimbró sobretodo a la iglesia católica, quien alzó la voz por la violencia en el país y sobretodo, a los miembros de religiosos, lo anterior pese a que México es considerado el segundo país más católico del planeta.

A diferencia de otras épocas, los sacerdotes no se salvan del viacrucis de extorsión, golpizas e incluso homicidios por parte del crimen organizado, según analiza la web especializada Insight Crime.

El sospechoso del homicidio es José Noriel Portillo Gil, alias “El Chueco”, es un cabecilla de los Salazar, célula del Cartel de Sinaloa, quien presuntamente asesinó a las tres personas.

Pese a ello, lo ocurrido en Chihuahua no es un caso aislado. México ha encabezado en varias ocasiones la lista de los países más peligrosos del mundo para ejercer el sacerdocio católico.

Según explica, entre 2008 y 2016, el país ocupó el primer lugar de manera consecutiva, según un reporte del Centro Católico Multimedial. En 2021, fueron asesinados al menos cuatro representantes de la Iglesia, como informó Vatican News, lo que eleva a siete el total de prelados asesinados desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador asumió el poder en diciembre de 2018.

Además homicidios, el informe cita datos del Centro Católico Multimedial, que señala que anualmente 1 mil 400 iglesias, un 12% del total de templos del país, son víctimas de alguna forma de delito, como robos y extorsiones. Los curas que oponen resistencia son amenazados o golpeados.

Ante tal contexto, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) publicó un video en el que llaman a todos los carteles a detener el hostigamiento a los grupos religiosos, sus líderes y seguidores, y a mantener la guerra “entre ellos”. El llamado, publicado el 7 de julio, recuerda la tregua que los Caballeros Templarios pidieron en 2012 en honor a la visita del papa Benedicto XVI a México.

Los hechos recientes demuestran que los criminales locales han perdido el respeto por la Iglesia. Históricamente, los representantes de la Iglesia en México han desempeñado un papel importante como voceros de las comunidades locales y como mediadores en los conflictos, con más o menos éxito.

Si bien voces como la de Guadalupe Correa-Cabrera, experta en crimen organizado en México, afirma que no hay muchos indicios de que los grandes carteles estén pensando en organizar ataques contra las iglesias, la constante extorsión a iglesias y sacerdotes indica que, por lo menos a nivel local, las instituciones religiosas son posibles objetivos.

“No podemos decir que los grupos criminales importantes que operan de manera organizada (como el CJNG o el Cartel de Sinaloa) sean los que obtienen rentas de las iglesias o los grupos religiosos como estrategia formal”, comentó Correa-Cabrera. “Los carteles se han diversificado, pero no hay pruebas de que los grupos que se dedican a atacar a los grupos religiosos sean los mismos que venden drogas”, cita Insight Crime.

“México está inundado de diferentes grupos locales pequeños que afirman ser parte de organizaciones criminales mayores… y las células que operan a nombre de estos grupos grandes, como la banda de “El Chueco”, pueden considerar a la extorsión como un recurso valioso”, concluye.

Así, en medio de la ola de violencia que azota al país, la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM emitió un comunicado en el mes de junio, en el que critica la postura del gobierno en materia de seguridad, diciendo que “es tiempo de revisar las estrategias de seguridad que están fracasando”.

*Con información de Insight Crime.