Columna Día Cero: La Geopolítica del Reino Unido después de Elizabeth II

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Reina Isabel II

En los inicios del siglo XX, el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte se alzó como la principal potencia política, económica y militar del siglo XXI. Los embates de la Primera Guerra Mundial y la humillación al Imperio alemán, plasmados en el Tratado de Versalles, no hicieron más que refrendar esa efigie, y en una Europa, regida bajo la hegemonía inglesa e instituciones frágiles como la Sociedad de Naciones, el imperio británico representaba el garante de la paz mundial.

Dicho carácter le permitiría a Jorge VI ser el jefe de Estado del más grande imperio de Ultramar en la historia del mundo moderno, en su ascenso al trono en el año 1936. El cuál empezaría a mostrar sus primeros síntomas de fragilidad, cuándo el 1 de septiembre de 1939 la fortalecida Alemania Nazi, invadió a Polonia para poner en jaque y empezar un proceso de confrontación bélica mundial, que terminaría con el Reino Unido cediendo el cetro de la principal potencia mundial a dos nuevas naciones: la Unión Soviética y los Estados Unidos de América.

En dicho panorama, Jorge VI vivió la transición del Imperio Británico hacía la Commonwealth, o la mancomunidad de naciones, adscritas a un pacto mediante el cual se reconocían los lazos de las excolonias con el Reino Unido. Un imperio que Elizabeth II vio en su máximo apogeo, y de cuyo final también fue testigo. No obstante, el plan de crear una mancomunidad con lazos políticos y económicos estrechos se vio comprometido por el auge de los movimientos de descolonización en Asía y África, y si bien, se puede decir que el Reino Unido libró de mejor manera dichos procesos políticos, que otras naciones como Francia. No fueron del todo pacíficos o completamente espontáneos.

A pesar de esto, la Reina Elizabeth II supo salvaguardar los vínculos con naciones como Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Jamaica, las Bahamas, Papúa-Nueva Guinea o Belice, para mantener su figura de jefa de Estado. A tal grado que, en la actualidad, en total, la Corona Británica ejerce su poder directa o indirectamente sobre al menos catorce países. Lo anterior, sin considerar el resto de las naciones de la Commonwealth, que se compone de cincuenta y cuatro estados soberanos.

La muerte de Elizabeth tendrá una serie de eventos que reconfiguraran la posición geopolítica del Reino Unido en el siglo XXI, más allá de la sucesión de su hijo y ascenso al trono como Carlos III, consideremos algunas:

Elizabeth II ascendió al trono en 1952, y fue una figura de gran importancia durante su etapa como princesa, siendo uno de los pocos testigos vivos de la Segunda Guerra Mundial. Derivado de este legado, múltiples países mantenían a la reina como jefa de Estado por tradición y ciertos beneficios que terminan con su muerte.

Por ejemplo, en el caso de Australia, esta nación desde hace décadas debate entre seguir siendo parte de la monarquía parlamentaria, teniendo como jefe de Estado al monarca inglés, o desvincularse de la Corona para convertirse en una república. El pueblo y gobierno de Australia indicaron no tomar una decisión hasta la muerte de la reina, sin embargo, el plazo ha llegado.

Los mismo aplicaría para Canadá, un país que alberga un fuerte movimiento pro-república, que en múltiples ocasiones ha confrontado las intromisiones de Elizabeth II en sus asuntos de Estado.

Incluso, estos aires podrían llegar a naciones parte vital del Reino Unido, como Escocia e Irlanda. Los escoceses son famosos por buscar su emancipación desde tiempos inmemoriales, a la par que, en fechas recientes, frente decisiones tomadas por Londres, siendo la más protestada el famoso Brexit, que causó mucho descontento entre su población.

Por su parte, en el caso de Irlanda, su parte norte está dentro de las cuatro naciones constitutivas que forman el Reino Unido, con lo cual se tiene la expectativa de que en algún momento se pueda reunificar la isla. Con lo cual la muerte de Isabel II abre esta nueva posibilidad.

El republicanismo en el Caribe y los planes de romper con la Corona británica y proclamar una república están en la agenda de la mayoría de las antiguas colonias británicas, en un movimiento que puede acelerarse tras el fallecimiento de Elizabeth II. En ese sentido, países como Bahamas, Belice, Jamaica, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas y Santa Lucía son las excolonias que tras su independencia mantuvieron como jefe de Estado a la monarca inglesa y que en la última década han abogado por cambiar su estatus político. Quizás esta sea la oportunidad que estaban esperando.

¿Y que decir de las variables económicas? Las consecuencias en los mercados financieros se hicieron notar cuándo la libra esterlina perdió un 0,03% de su valor, frente a un euro y un dólar que salían fortalecidos, un día después del anunció de la muerte de Elizabeth II. Del mismo modo, debemos decir que el fallecimiento no se da en el mejor momento político para el país, pues Boris Johnson acaba de dejar su cargo, y la nueva Primera Ministra, Liz Truss, asume su puesto en un contexto en el que la economía esta renqueante, y la inflación inglesa supera ya el 10%. Lo anterior se abona a un contexto en el que el barril de petróleo desplomaba su precio y se reducía en un 5.20%.

Todos los factores anteriores son un reto para el nuevo rey Carlos III, y también para el nuevo gobierno de la ministra Liz Truss. ¿Cuál será el papel del Reino Unido en la geopolítica mundial en el siglo XXI? En definitiva, los sucesos posteriores a la muerte de Elizabeth II lo determinaran.

*Twitter: @travelerjm