Zona Zero: EE UU: elección imperial

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La elección presidencial en los EE UU el primer martes de noviembre próximo debe leerse con enfoque estratégico local. Fuera del territorio estadunidense se trata de explicar con razonamientos extranjeros o con percepciones de conveniencia. Sin embargo, el sentimiento electoral de los votantes locales explica, por ejemplo, que después del afroamericano Barack Obama hubiera llegado a la Cas Blanca el racista Donald Trump.

La explicación debe ser racional. Los EE UU son un imperio controlado por un Estado de Seguridad Nacional, es decir, la función primordial de la Casa Blanca es mantener vigente el dominio imperial del mundo, sea con el afroamericano Obama que con el explotador Trump. El american way of life –o modo de vida estadunidense– es el confort sostenido por la exacción de recursos, riqueza y explotación de otras naciones.

Un dato puede ilustrar las contradicciones estadunidenses: a raíz del asesinato de un ciudadano afroamericano a manos de un policía blanco con acciones de abuso de fuerza el país ha entrado en una oleada de violencia de protestas bajo el nombre de blacks lives matters o las vidas negras importan, pero después de ocho años de Obama como primer presidente afroamericano y de un Trump con presiones racistas sobre los migrantes hispanos y no contra su comunidad negra.

La complicada lógica estadunidense se puede medir con otro dato: después de ocho años de presidencia de Obama y su saldo de altísima aprobación en 2016 los estadunidenses decidieron votar por Trump a pesar de su lenguaje grotesco, radical, racista, antifeminista y lo llevaron a la Casa Blanca. Las razones deben buscarse en las contradicciones históricas entre razas y géneros.

Los presidentes de los EE UU no son ejemplos de probidad ni coherencia. Sobrevivir y escalar posiciones en la estructura de poder obliga a sacrificar ideales. Obama y Hillary Clinton, candidata derrotada por Trump en las presidenciales del 2016, votaron a favor de la iniciativa del republicano George Bush Jr. para invadir Irak y destituir a Sadam Hussein basados en inteligencia falsa preparada por el gobierno de Inglaterra y la CIA estadunidense. ¿La razón? Los intereses imperiales de dominación.

Desde los años sesenta –C. Wright Mills, Leonard Silk y G. Williams Domhoff– se han revelado los verdaderos poderes en los EE UU: el establishment conformado por los grupos financieros, bursátil, corporativo, militar, seguridad privada, productores de armas y medios de comunicación como el The New York Times, The Washington Post y The Wall Street Journal. Esta comunidad de intereses se localiza detrás de los 538 miembros de los colegios electorales que nombran presidentes, sin importar las cifras finales del voto popular.

El día de las elecciones en 2016, a las diez de la mañana, las encuestas del The New York Times le daban 90% de posibilidades de ganar a la candidata Hillary Clinton y un par de horas después los votos electorales comenzaron a beneficiar a Trump. Hillary, como hoy Biden, representa intereses que quieren imponerse sobre los de los grupos de decisión que mandan y gobiernan los EE UU y que cuentan con capacidad para mover colegios electorales.

Si gana Biden o Trump, lo que hay que percibir es la correlación de fuerzas imperiales en la Casa Blanca y las agendas coyunturales del imperio en un mundo en recomposición de alianzas y de nuevos actores geopolíticos, como ahora China como ayer fue la Unión Soviética. Y se trata de escoger al jefe político del imperio, no al más democrático o de perfil social.