Sobre el cambio de régimen y otras charlatanerías

46

Hemos perdido décadas de discusión sobre nuestra democracia al creer que se pueden diseñar instituciones “perfectas” o “de vanguardia”, en lugar de tener diagnósticos claros sobre el funcionamiento de nuestras reglas, una visión comparada acerca de cómo otros países lidiaron con problemas similares a los nuestros y, a partir de lo anterior, algunos escenarios prospectivos.

Lejos de ello, desde hace más de treinta años henos tenido una sucesión de falsos debates y ejercicios grandilocuentes para “reformar el Estado” donde un grupo, compuesto casi totalmente por las mismas vacas sagradas, presenta grandes modelos de cambio para nuestras instituciones, los cuales consideran perfectos en sí mismos. Al mismo tiempo, cada partido presenta sus visiones sobre el mejor país, de acuerdo a sus cálculos y conveniencias. Por ejemplo, por muchos años los partidos de izquierda fueron férreos defensores de un sistema de representación proporcional, pues eso les daría más asientos que en uno mixto, como el que tenemos.

Sin embargo, esos modelos perfectos terminan provocando el miedo a cambios abruptos, especialmente cuando son acompañados de palabras grandilocuentes como “parteaguas en la historia” o “consenso de las mentes más preclaras del país”. El resultado: se terminan aprobando medidas al gusto de los partidos, como darles más dinero público y espacios en medios. Al día de hoy, debería haber quedado claro que no hablarán claramente sobre los problemas del país si eso implica que pierdan márgenes de maniobra.

Si vamos más allá de la charlatanería, nos daríamos cuenta que los arreglos institucionales también arrastran inercias, por lo que no se pueden hacer grandes cambios sin considerarlas. Por más que queramos tener mejores reglas del juego, no existe un botón de “reinicio” para la mentalidad de un país, como para poner de la noche a la mañana otros arreglos. Lamentablemente el pensamiento mágico sigue campeando cuando vemos que aparece otro de esos debates mágicos: el cambio de régimen al parlamentarismo.

Vayamos por partes: para empezar, no hay evidencia sólida para pensar que un sistema parlamentario es superior a uno presidencial. En realidad, las democracias han caído y se han restablecido indistintamente del tipo de régimen, calibrándose solamente algunos detalles procedimentales. Aunque hay casos exitosos de cambio del parlamentarismo al semipresidencialismo o al presidencialismo, no existen para lo contrario: los experimentos de sistemas presidenciales a parlamentarios han fracasado. ¿Podría ser México la excepción? Si hay alguien que pueda dar un fundamento sólido, estoy dispuesto a escuchar.

Al contrario de cuanto algunos afirmen, los sistemas parlamentarios generan órganos legislativos débiles y sujetos al partido o coalición que controla la mayoría de los asientos de la cámara baja. Si lo vemos de esa forma, incluso en algunos países un primer ministro puede concentrar más poder que un presidente. Por ejemplo, Boris Johnson tiene, al mismo tiempo, el poder del ejecutivo, el liderazgo del partido mayoritario y el control de ambas cámaras del Parlamento. Sobre el tema, nada nos dice que, si decidiésemos cambiar de régimen, no acabaríamos con una concentración similar con el predominio de Morena.

Tampoco se tiene en el debate una idea clara sobre cómo funcionan las carreras políticas en un sistema parlamentario. Por ejemplo, un político ambicioso en esos países sabe que la única forma para ser primer ministro es a través de una carrera que inicia, se desarrolla y culmina en el legislativo. Curiosamente, por décadas quienes promueven el cambio de régimen consideraron a la reelección inmediata de legisladores como algo innecesario para su causa.

Pero dejemos a un lado lo anterior y supongamos que sería una buena idea cambiar de régimen. ¿Cómo hacerlo sin caer en pensamiento mágico? Como inicio, reformar el artículo 115 constitucional para permitir que los municipios experimenten con sistemas parlamentarios. Si funciona, permitirlo en los estados: la prueba y error diría si es un acierto pensarlo para el nivel federal.

@FernandoDworak