Las crisis interconectadas de salud, seguridad y crecimiento económico exigen nuevas posiciones audaces de gobierno y nuevos compromisos empresariales. De manera paulatina la estrategia de seguridad ha ido recuperando territorios antes dominados por grupos delictivos, pero sólo se pueden mantener limpios con empleos formales e instituciones del Estado.

La seguridad interior no es sólo una función de las fuerzas armadas que tienen la función de proteger la soberanía del Estado. Se trata de una condición que convierta al desarrollo como factor de bienestar y ambas unidas de manera natural crean escudos de seguridad.

Hasta ahora los empresarios se han dedicado, con razones suficientes, a exigir mayores garantías de seguridad a las autoridades, pero sin entender que como promotores de la actividad económica tienen también una función en el marco de la seguridad interior: el bienestar como una vacuna contra la instalación de grupos delictivos en zonas abandonadas.

En este contexto, la mejor estrategia de seguridad es la que se basa en el desarrollo socioeconómico y el bienestar de la sociedad. Los grupos delictivos aprovechan la pobreza de la gente para reclutar aliados con pagos mensuales que debieran venir de actividades productivas.

De ahí la importancia de una alianza para la actividad económica entre los tres niveles de gobierno con organizaciones empresariales para promover la actividad productiva en zonas marginadas, inclusive donde no ha tierra que sembrar ni productos que comercializar. La industria pequeña y mediana requiere de mano de obra no calificada pero sí disponible. Las poblaciones no activas en empelo pueden construir cadenas productivas de economías de escala.

Hasta ahora los empresarios se han quedado en la queja real y justificada, pero sin entender que su capacidad de producción juega un papel importante en las cadenas económicas, Eso sí, se requiere que las estructuras de seguridad tengan mayor presencia en esas áreas para evitar uno de los males de la inseguridad improvisada: la extorsión, el secuestro a nivel micro y los chantajes.

De lo que se trata aquí es de llamar la atención al hecho de que la seguridad interior va más allá de las funciones estratégicas de las fuerzas de seguridad para evitar la instalación territorial de bandas delictivas. Y que en los hechos puede tener mejores resultados la presencia productiva y el nivel de vida que contingentes de brigadas de seguridad que sólo operan por funciones en la seguridad y no en el desarrollo económico.

En la estrategia nacional de seguridad pública del gobierno federal se asume como señalamiento la necesidad de recuperar de manera productiva las zonas ocupadas por bandas del crimen organizado/desorganizado, pero hasta ahora no ha habido proyectos empresariales concretos. Recién las fuerzas de seguridad arrestaron al capo José Antonio Yépez El Marro que operaba en la zona de Guanajuato y no hubo ningún proyecto de aumentar la presencia productiva formal y legal en la zona donde centenas de habitantes sólo tenía el dinero que les pagaba el delincuente por trabajar como vigilantes.

Los organismos empresariales debieran involucrarse en el aspecto socioeconómico y productivo de la inseguridad para blindar zonas recuperadas del crimen organizado. Si no lo hacen, entonces existen circunstancias que los mismos delincuentes u otras bandas regresan a ocupar territorios donde la delincuencia y la inseguridad es hija de la pobreza y la falta de empleo.