México ante Biden; Soberanía desde la seguridad nacional

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Algunos movimientos en la estructura de gobierno al finalizar el año 2020 y comenzar el 2021 dejaron ver la definición de un nuevo marco estratégico para las relaciones de México con los EE. UU. ahora que comienza el ciclo del demócrata Joseph Biden. Y la principal característica estaría en el enfoque mexicano de la seguridad nacional propia y ya no subordinada a la lógica imperial de la Casa Blanca.

La inexperiencia en asuntos de seguridad nacional y la carencia de pensamiento estratégico del presidente Trump facilitaron el acomodo de las relaciones a asuntos de estricta competencia temporal. Los casos de los migrantes y del narcotráfico quedaron ajustados a necesidades de las circunstancias.

El suceso que envió malas señales fue el arresto arbitrario del exsecretario de la Defensa Nacional de México en 2012-20918, general Salvador Cienfuegos Zepeda, como parte de un expediente armado por la DEA basado en información no pericial y sí en delatores. Los mandos altos en la comunidad de los servicios de inteligencia de los EE. UU. se sorprendieron por la audacia del golpe y tuvieron la fuerza para liberar al exfuncionario mexicano sin preocuparse por los enojos de la DEA.

Las relaciones entre México y los EE. UU. han sido de seguridad nacional por la posición fronteriza mexicana que abarca todo el flanco sur del imperio estadunidense. La corrupción entre funcionarios de los dos países, la porosidad del control y la imposibilidad de vigilancia estricta han sido para los EE. UU. un asunto de sobrevivencia. Desde los setenta se ha asumido en Washington a México como su problema de seguridad nacional número uno. Sin embargo, ninguna de las administraciones estadunidenses ha podido definir una estrategia de seguridad eficaz por la sencilla razón de que allá operan en función de sus intereses y consideran a México un país manejable.

El gobierno de Biden viene precedido por presiones de la comunidad de funcionarios de seguridad nacional para fortalecer el escudo de defensa estratégica que debe tener el imperio y que Trump descuidó. Por ello en México se encendieron las alarmas de presiones de seguridad que habrían comenzado con el arresto del general Cienfuegos como una exhibición de prepotencia.

La respuesta mexicana de protestar de manera formal, de exigir el expediente y de poner como condición la liberación del exfuncionario sorprendieron en Washington. Y la decisión de reformar la Ley mexicana de Seguridad Nacional para exigir el control de los agentes extranjeros en funciones de seguridad en México tuvo que aceptarse porque se dio en el vacío de la derrota de Trump y de la debilidad de la victoria de Biden.

Algunos hechos han ocurrido en México para asumir la idea de que se prepara la definición de una doctrina nacional mexicana de seguridad nacional que salga del aldeanismo localista de la seguridad nacional retórica y patriotera para llegar a la seguridad nacional de la definición de los intereses nacionales en el exterior y para una doctrina de defensa nacional más allá de los soldados que defienden al país ante una invasión extranjera.

El control mexicano de la estrategia de seguridad pública contra el crimen organizado y la reorganización de la Secretaria de Relaciones Exteriores para redefinir las relaciones con el vecino del norte en términos de seguridad nacional mexicana han sido los primeros indicios. No fue buena señal para México –ni para el mundo– que el presidente electo Biden designara a un general como secretario de Defensa, porque fue una forma de quitarle a los civiles el manejo del enfoque estratégico del ejército y regresar al viejo imperialismo militar de invasiones y golpes de Estado.

 

Ley de la Omertá

La nueva secretaria federal de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, asumió sus actividades después de un agresivo ataque del virus COVID-19. Al finalizar al año apareció en la conferencia presidencial matutina y anuncio la reactivación de la estrategia de seguridad con ajustes en áreas de impunidad y combate a las bandas criminales.

La agenda de seguridad publica se ha ajustado a los criterios presidenciales de construcción de la paz, pero sin avances en la persecución de bandas criminales. De todos los llamados cárteles vinculados a las drogas, sólo el Cártel Jalisco Nueva Generación el más activo en la expansión criminal violando el criterio oficial de no usar la violencia ni conquistar nuevos territorios. Buena parte de la violencia criminal en Guanajuato se debe a la guerra del CJNG contra o que queda del cártel de El Marro.

Las cifras de violencia criminal responden al activismo de los cárteles y a la pasividad ordenada para las fuerzas de seguridad. Por eso llama la atención el aviso de la nueva secretaria de que se reactivará la persecución de delitos, aunque sin las condiciones de guerra violencia del pasado.

La nueva funcionaria tendrá un año para ofrecer resultados.

 

Zona Zero

  • A pesar de que tiene espacios muy reducidos para operar en México, la DEA sigue manteniendo su recompensa de millones de dólares por Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho, en apariencia, si sigue vivo, jefe del CJNG. En algunos niveles de seguridad consideran que esa recompensa podría desatar una guerra dentro del mismo cártel o de grupos adversario que quieren afectar la fuerza operativa del grupo de El Mencho. Pero esa recompensa de la DEA se tomó sin consultar con México.
  • La prioridad de los servicios de seguridad ha sido fijada en Ciudad de México, donde los grupos delictivos y los cárteles han desatado la violencia por el control de zonas de venta. La nueva secretaria federal de Seguridad ha sido jefa de gabinetes de seguridad de gobiernos capitalinos anteriores y sabe de la amenaza de esos grupos delictivos. Y el secretario actual ya fue víctima de un atentado del CJNG. Así que pueden venir operativos contra la delincuencia en la capital que agitaran las aguas criminales.

El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
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