Lo que sí y lo que no en padrón de telefonía celular

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Si partimos del criterio de que el Estado tiene la facultad y la obligación de definir mecanismos de seguridad nacional ante el crimen organizado, la delincuencia y las presiones de otros estados, el padrón de telefonía celular ha generado suspicacias. Sin embargo, hay cosas que sí serán y cosas que no.

–El gobierno no tendrá acceso a los datos, aunque sí lo tendrían las empresas concesionarias y sobre todo el Instituto Federal de Telecomunicaciones.

–No serán todas las huellas biométricas, sino algunas. La identificación vía de los ojos es muy costosa y sólo funciona en algunos países con alta tecnología y se usa en algunas empresas que operan datos confidenciales.

–No se prevén multas de 90 mil pesos por incumplir, porque la sanción es la cancelación de la línea.

–El tráfico de información no será responsabilidad del gobierno, sino de las empresas que venden aparatos y del IFT. El INE ha manejado de manera irresponsable los padrones con credencial de elector, pero nadie se ha quejado que su credencial circula con mucha facilidad en entradas a condominios y edificios y puede ser fotocopiada. Además, el padrón ha sido revendido por partidos, sin que el INE haga algo.

–No habrá mercado negro de tarjetas SIM como hoy. Los celulares robados no podrán reactivarse. Un celular robado se denuncia y de manera inmediata se desconecta su tarjeta. Ya no podrán venderse tarjetas SIM sin cumplir con los requisitos de registro, lo que bajaría el uso de celulares para extorsiones telefónicas porque los datos serán verificables.

–Los datos biométricos ya funcionan. Un celular se activa por huella digital o por identificación de rostro.

–El padrón de usuarios de teléfonos de prepago o renta servirá para evitar usuarios fantasmas.

Se trata, es cierto, de un mecanismo de seguridad pública, pero indispensable en una dinámica de delincuencia que depende mucho del anonimato en el uso de celulares para cometer delitos.

Zona Zero

  • Llega en junio a México la vicepresidenta Kamala Harris, aunque desde ahora se prevé que la Casa Blanca tiene “su” propia agenda de seguridad y migración y no la viene a negociar sino a imponer. Así que habrá que prepararse para los estilos trumpistas del presidente Biden.

(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

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