La DEA y el juego sucio de la Casa Blanca con México

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Por Carlos Ramírez

Ningún acuerdo México-EU –y sobre todo el que hoy se debatirá– tendrá buenos resultados si queda como un acuerdo EU-México que no reconozca la existencia de intereses nacionales mexicanos.

La reunión de alto nivel de hoy estará marcada de manera negativa por cuanto menos tres hechos:

–La negociación por la libre de la DEA con el fiscal general de México, cuyas tareas ya no son las de la vieja PGR y por tanto nada tiene que coordinar con la agencia estadounidense.

–La decisión estadunidense previa a la reunión de aumentar y refrendar las recompensas y extradiciones estadounidenses a capos que viven en México: Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho (Cártel Jalisco), Ismael El Mayo Zambada (Cártel de Sinaloa), Ovidio Guzmán López (hijo del Chapo) y Rafael Caro Quintero (caso Camarena-DEA 1985). Esas recompensas son contrarias a la estrategia de construcción de la paz del gobierno mexicana, representan una intervención invasiva en asuntos locales y provocan violencia dentro de los cárteles.

–El desplazamiento de la vicepresidenta Kamala Harris de una negociación de Estado con México y la entrega del expediente al tibio secretario de Estado Antony Blinken.

El canciller Marcelo Ebrard reafirmó que llegará al diálogo binacional con el expediente del narco dentro de EU determinado por el consumo creciente de drogas, el contrabando permitido y la facilidad con la que se han asentado en el territorio estadounidense entre nueve y once estructuras de los cárteles mexicanos para controlar la venta de drogas al menudeo.

El fracaso de la vicepresidenta Harris, la debilidad política del presidente Biden y el descontrol de la estrategia migratoria fronteriza llevará a la reunión de hoy a un buen entendimiento con México o a convertirse en un chasco diplomático y de seguridad bilateral.

Zona Zero

  • Un tema central en la crisis fronteriza radica en el hecho de que el tráfico de drogas personas y dinero en los más de 3,000 km se explica en la evidente corrupción de autoridades estadounidenses del otro lado de la línea que permiten estos delitos. Sin embargo, la estrategia estadounidense es muy sencilla: la culpa es de los otros países y no propia. Mientras no se investigue la corrupción fronteriza estadounidense, la problemática en la frontera seguirá beneficiando a los delincuentes.

(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

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