Hazaña diplomática

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Por: Miguel Ángel Godinez

Tal como lo mencioné en mis columnas anteriores, lo ocurrido a mi Gral. Salvador Cienfuegos no tenía sustento ni pruebas que sostuvieran un caso con la importancia mediática que trató de construir la DEA en contra del gobierno de México. Como épico puede calificarse el logro diplomático que el canciller Marcelo Ebrard obtuvo con el regreso del General Cienfuegos a territorio mexicano. Los argumentos con los que se persuadió al gobierno de Donald Trump fueron claros, contundentes y de un buen estadista. “Si no se tiene confianza en la justicia mexicana no se nos tiene en ningún otro ámbito de cooperación”, entre los que está el narcotráfico, asuntos migratorios y el tema de terrorismo. México nunca ha tenido la posibilidad de poner sobre la mesa sus prioridades frente a EU por obvias razones, sin embargo el Canciller Ebrard encontró en su capacidad de mediador, el discurso que se requería para exigir como bien lo dijo, “Respeto a nuestra soberanía y a las Fuerzas Armadas de México”.

Detrás de todo esto deben existir detalles que por su importancia difícilmente saldrán a la luz pública y mantendrán siempre la necesidad mediática de especular en todo momento una noticia tan jugosa. Aunque la DEA califique como un regalo a México la desestimación de cargos por la Fiscalía estadounidense, de haber contado con un caso sólido como lo asegura, hubiera sido impensable su absolución sin juicio como se dio la mañana del pasado miércoles 18, contrario a esto, Salvador Cienfuegos regresa a México después de que el panorama por la gravedad de los delitos que se le imputaron era totalmente desfavorable, vuelve con la cabeza en alto en espera de que las investigaciones den evidencia de la equivocada acción que el gobierno del Presidente Trump le permitió a una agencia que carece, por muchas actuaciones en el pasado en donde la relación bilateral siempre ha sido conflictiva, de la credibilidad suficiente para señalar a un militar con la trayectoria del ex Secretario de la Defensa.

Para el gobierno de México no será fácil recibir al General con los brazos abiertos, el interés mediático que tuvo lo inédito de la detención y lo inédito de la desestimación de cargos a un mes de lo ocurrido, obliga a México a llevar un proceso judicial con sus propias investigaciones y al Ejército a cumplir cabalmente por la ley militar, reunir todas las pruebas posibles, para limpiar la honorabilidad del Ejército y la del alto mando que representó Cienfuegos en el pasado cercano o sancionar, si así fuera el caso, dignificando a la Institución.  Lo cierto es que ha sido un gran día para el Gral. Cresencio y para todo el Ejército Mexicano después de los innumerables agravios a los que ha estado expuesto. Un paliativo a la moral de quienes integran una de las instituciones mejor organizadas y leales al pueblo. Sin duda existieron presiones de la cúpula de generales y miembros de las FA que mostraron su molestia por el atropello no sólo al Gral. Cienfuegos, sino a toda su institución. Aunque al ejército lo ha distinguido la unidad entre sus miembros, lo ocurrido al ex Secretario fue tomado como una afrenta que no podía permitirse, pues al interior del Ejército se vislumbraba una división de pareceres que a nadie le viene bien en tiempos críticos en donde las FA tienen muchos asuntos que involucran su responsable unidad.

Es muy lamentable que personas como Francisco Gallardo encuentren en este triste episodio del Ejército Mexicano, la oportunidad para aprovechar un reflector y declarar de manera irresponsable que lo acontecido con el General Cienfuegos se haya debido a la presión de una Élite de militares diplomados al interior de la Secretaría de la Defensa Nacional que, doblaron al Presidente para tomar la decisión de abogar por el caso Cienfuegos. Carente de toda realidad, sus palabras sólo emanan el resentimiento de no haber concluido una limpia carrera militar y mucho menos haber sido merecedor de la instrucción militar más calificada en el Ejército Mexicano como lo es la Escuela Superior de Guerra.

El caso del Gral. Cienfuegos no es distinto al del Cap. José Martínez Crespo, en lo que se refiere a un agravio más a la institución. Se le acusa de delincuencia organizada por haber estado de servicio la noche de la desaparición por el crimen organizado de 43 estudiantes de Ayotzinapa y por haber obedecido las órdenes de su comandante quien le asignara resguardar y permanecer en la zona del enfrentamiento de la Policía Municipal contra supuestos delincuentes. Está perfectamente evidenciado que no tuvo nada que ver con los hechos y que hoy también es víctima de intereses políticos que alimentan la idea de que el estado tuvo que ver en el caso Ayotzinapa.