Una de las ramas de la aviación militar que lo mismo se considera necesaria y genera hasta polémicas, es la relativa al transporte VIP o también llamado ejecutivo. Se trata de aeronaves que se utilizan para el transporte de funcionarios públicos, visitantes de otras naciones o de los titulares del ejecutivo federal.

En nuestro país, hasta antes del sexenio 1976-1982, el titular del ejecutivo federal recurría a un avión comercial que era destinado a su uso en tanto durara la gira en territorio nacional o el extranjero.

Aeronaves de Aeroméxico –Aeronaves de México en ese entonces–, eran utilizadas por el presidente y su comitiva para los viajes que tenían que realizar, principalmente al extranjero.

Con el paso del tiempo, se adquirieron aviones que fueron asignados a la Fuerza Aérea, con el propósito de ahorrar tiempo, no depender de una compañía privada y brindar un servicio necesario bajo estándares de seguridad para los viajeros, considerando que se trataba de funcionarios que por su importancia no podían trasladarse en un vuelo comercial con los riesgos que esto implica.

También algunas dependencias del gobierno, adquirieron aviones y helicópteros para el traslado de funcionarios, como ha sido el caso de algunas secretarías de Estado –Gobernación, Banco de México, Pemex– con la consiguiente diversificación de equipo, sin mencionar el gasto que esto conlleva, considerando que en algunos países se crea una línea aérea operada por la Fuerza Aérea que se encarga de los viajes oficiales y cualquier vuelo que se requiera de parte de las instancias oficiales.

Se trata de un tema que ha estado en la mesa de debates y que conforme pasan los gobiernos se da una respuesta en un sentido u otro, es decir, a mediados de los años 70 se decidió adquirir aviones de transporte para los viajes del presidente, en los 90 se decidió modernizar el equipo, esfuerzo que tuvo continuidad hasta el sexenio 2006-2012, en tanto que en el actual se regresa al esquema que se utilizaba en la década de los años 70.

Y es que el debate no debe quedarse en si se trata de equipo costoso vistas otras prioridades que, como hemos escrito en este espacio, tiene el país –como el combate a la pobreza o la dotación de servicios de agua potable–, algo que se traslada a la modernización del ala de combate de la FAM y el necesario reemplazo de los F-5, sino que se trata de evaluar correctamente los factores que hacen necesario que el presidente de la república, secretarios de Estado y demás funcionarios públicos puedan realizar viajes por el país y el extranjero en condiciones de seguridad y de flexibilidad que una línea aérea no puede brindar por la manera en que realiza sus operaciones.

Si bien ningún avión está exento de la posibilidad de tener un accidente, una simple comparación nos muestra que es en el sector civil en donde se presenta el mayor número de incidentes de esta naturaleza, por lo que reducirlos gracias a programas de mantenimiento especializados, con aparatos con pocas horas de vuelo en comparación de las naves comerciales, es un factor a tomar en cuenta para apoyar la idea de contar con una flota propia de carácter gubernamental.

Otra consideración es otorgar a los funcionarios, en especial al presidente, de la flexibilidad necesaria para ajustar su agenda sin necesidad de tener que depender de los horarios de una línea aérea o la frecuencia de sus viajes. El ahorro de tiempo gracias a esta posibilidad es, así, algo a tomar en cuenta.

Si bien en el actual sexenio se decidió prescindir de los servicios de TP-01, José María Morelos, obviando las consideraciones que anotamos en este texto, tanto la FAM como la Secretaría de Marina y algunas otras dependencias, como la FGR o la Guardia Nacional, mantienen aviones de transporte ejecutivo –como el que se utilizó para trasladar de Bolivia a Evo Morales–, no se entiende como el titular del ejecutivo desperdicie esta estructura para su traslado, considerando que su seguridad estaría bien garantizada en las manos de pilotos militares.

Se trata de un debate que no ha terminado y que muestra que las fuerzas armadas tienen la flexibilidad necesaria para cumplir con una función que si bien no es tan reconocida como el transporte de insumos médicos, también es necesaria para ayudar al gobierno federal a cumplir con sus funciones gracias a una estructura y personal que cuenta con la experiencia y el equipo para cumplir con sus objetivos.