Fuerza Aérea Mexicana: Cambios en la comandancia y el eterno debate

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La comandancia de la FAM se renovó con la llegada del General de División Piloto Aviador Diplomado de Estado Mayor Aéreo José Gerardo Vega Rivera. El nuevo titular del arma aérea tendrá a su cargo un cuerpo especializado con equipo suficiente para apoyar al país en el actual contexto de auxilio a la población en casos de desastre, transporte de equipamiento médico, patrullaje y apoyo a las fuerzas que se desempeñan en labores de seguridad.

A pesar de la poca atención que recibe la Fuerza Aérea, sin duda que se trata de un elemento fundamental que el nuevo comandante sabrá impulsar para que continúe con el logro de sus objetivos.

La FAM tiene a su disposición un número suficiente de aeronaves de ala fija y rotativa que le permiten cubrir el territorio nacional para las misiones que le son encomendadas, incluso puede operar más allá de nuestras fronteras como ha sido el caso de la repatriación de connacionales que se quedaron varados en el actual escenario de pandemia.

Se trata de un comandante que ha recorrido el escalafón militar, incluso siendo director del Colegio del Aire, así como agregado militar en Estados Unidos y comandante de bases, regiones y agrupamientos aéreos, así como con un perfil académico interesante en el sistema educativo militar.

 

El debate

Con los movimientos que se han hecho, respecto a equipamiento, en países como Brasil e India, vuelve a surgir el eterno debate de la renovación en el ala de combate de la Fuerza Aérea Mexicana.

El tema no es si se cuenta con los recursos necesarios para comprar, desde nuestro punto de vista, dos escuadrones con cazas modernos, algo que costaría un estimado cercano a los 2 mil millones de dólares, si se elige a un casa como el Rafale francés o quizá la mitad de esta cantidad si se negocia con modelos como el Gripen o el Mig-35.

Tampoco es si la FAM cuenta con la infraestructura necesaria para adoptar un nuevo sistema de armas, pues en el caso de las instalaciones en Santa Lucia, Ixtepec e, incluso, en la proyectada base de Querétaro, se podría albergar a un escuadrón de estas características, con base en la experiencia adquirida al operar los F-5 y los T-6C.

Tampoco el debate es acerca de si se deben adquirir F-16, JF-17 Thunder, algún modelo chino como el J-10 o los rusos MIG o Sukhoi en sus distintas variantes, cuyo precio oscila por unidad entre 50 y 100 millones de dólares.

Tampoco si se cuenta con el personal necesario, pues nuestros pilotos y mecánicos han demostrado estar a la altura de los mejores del mundo, incluso con entrenamiento más allá de nuestras fronteras.

El debate se debe centrar en una pregunta que pocos han considerado y menos respondido: ¿para qué necesita México aviones de combate?

Nuestro país no tiene amenazas en sus fronteras, con fuerzas que se preparen para una invasión. Los vuelos del crimen organizado, pese a su aumento en los últimos años, se han logrado detectar y el aseguramiento de aeronaves usadas por el narcotráfico también muestra un aumento significativo.

La atención a la población en casos de desastres naturales o el transporte de insumos médicos se realiza de manera adecuada, gracias a los Hércules, Spartan o Casa C-295, así como a los helicópteros con los que se cuenta.

El patrullaje de nuestras fronteras y zonas marítimas se lleva a cabo puntualmente con los Texan T-6C, Pilatus PC-7 y King Air 350R.

Así, contar con aviones de combate, si bien es propio de la naturaleza de una Fuerza Aérea es, por el momento, un lujo del cual se puede prescindir, aunque la tradición de nuestra FAM cuenta en su haber con la presencia de los P-47 Thunderbolt que equiparon al Escuadrón 201 en la Segunda Guerra Mundial y en fechas más recientes los De Havillan Vampire y los Tiger F-5.

No queda más que esperar para ver la renovación del ala de combate, pues si por el momento no es necesaria, si es algo que entusiasma a más de uno de los aficionados a la aviación militar en nuestro país.