Día Cero: EPN, la UIF y la era de Pablo Gómez

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Pablo Gómez
  • Juan Manuel Aguilar Antonio

El gobierno actual comenzó bajo una consigna que se volvió clave en el desarrollo del discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador: la lucha contra la corrupción, la impunidad, y la posibilidad de hacer pagar por sus actos del pasado a la vieja clase política que fue dejaba de lado, en la sucesión política que significó el inicio de lo que hoy es la 4T.

En ese sentido, con el inició del gobierno México experimentó una serie de transformaciones importantes en sus instituciones para la administración de justicia y el estado de derecho. Entre estos destacó la transición del modelo de la Procuraduría General de Justicia de la República, al modelo de Fiscalía, con el fin de dar a esta institución autonomía respecto de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. En segundo lugar, se priorizó dar a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) un papel trascendental en el marco de la lucha contra el crimen y la corrupción en el país.

Sobre la FGR, poco queda decir en torno al desempeñó que ha tenido hasta el día de hoy. La institución ha brillado más por las polémicas de su titular Alejandro Gertz Manero, quien ha sido acusado de utilizar su posición de poder político para intereses personales en conflictos como el litigio contra su cuñada Alejandra Cuevas, sus controversias con una institución con la que se vinculó laboralmente, como la Universidad de las Américas de Puebla (UDLAP) o la filtración de sus polémicos audios con el Ministro Alberto Pérez Dayán, para utilizar su posición de poder en aras del beneficio personal.

Sobre la UIF, podemos decir que esta institución inició la administración del Gobierno Federal con un protagonismo nunca visto. Y en poco tiempo Santiago Nieto se volvió una pieza clave de la 4T, que parecía utilizar un modelo más sofisticado para combatir la delincuencia y la corrupción gubernamental, que jamás se había visto.

Relacionado con delitos financieros y lavado de activos, tan solo durante el período 2019-2021, la UIF tomó un rol importante en una nueva estrategia de combate al crimen organizado, bajo el mandato de Santiago Nieto. Quien, a través de esta institución, congeló 17,278 cuentas asociadas a 12 cárteles de la droga en México. La estrategia parecía innovadora, y la serie de duros golpes contra organizaciones criminales como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), la Unión Tepito o el Cártel de Santa Rosa de Lima, parecían mostrar que se cambiaría la forma de aplicar la justicia en México, con el apoyo de este organismo. Sin embargo, con la salida de Santiago Nieto en noviembre de 2021, la lucha contra el lavado de dinero por parte del Gobierno Federal pareció haberse desdibujado.

De esta forma, sorprendió a muchos que el pasado 8 de julio Pablo Gómez, el sucesor de Nieto, indicará que “la UIF no atacaba la corrupción, sino que era parte de ella” haciendo alusión a la gestión de su predecesor. Acompañado de esto vino la presentación de la cifra del procesamiento de 115 mil operaciones inusuales por la institución, de enero a mayo, cifra que duplica las atendidas por el organismo el año pasado. Por último, está el caso de los expedientes de investigación en torno a personajes como el expresidente Enrique Peña Nieto y el actual líder nacional del PRI, Alito Moreno, a la FGR 2 días después.

El último tema, acompañado de la aparición incendiaria de Gómez trae varios cuestionamientos. ¿Por qué tardó 8 meses el actual titular de la UIF en aparecer como actor de relevancia de la 4T? ¿Porqué presentar una carpeta de investigación, con tanto trasfondo político, como carta de presentación para hacerse notar? En sus inicios, el nombramiento de Gómez para una institución tan especializada sorprendió a muchos. Y la experiencia que dejó la era de Santiago Nieto, al frente de ella, es su capacidad de posicionamiento político.

Del mismo modo, la promesa de iniciar una investigación contra EPN suena a una promesa vacía. Una treta que puede tener resultados más mediáticos que concretos. En un país, acostumbrado a utilizar el aparato de procuración de justicia, para fines políticos, esta acción nos deja más dudas que certezas. Ahí están casos como el de Joaquín Fernández Galicia, Raúl Salinas de Gortari, Elba Esther Gordillo, Juan Collado, Emilio Lozoya, y un largo etcétera.

De Gomez podemos deducir que es mejor político, que técnico especializado en lavado de dinero y delitos financieros. Su experiencia legislativa lo demuestran. También, su rivalidad política, encuentros y desencuentros con López Obrador, con el que compitió, incluso, en el 2000, por la jefatura de gobierno del Distrito Federal.

¿La era Gómez al frente de la UIF nos traerá un posicionamiento de esta institución para combatir los delitos financieros o será nuevamente un trampolín para aspiraciones personales? Como siempre, la respuesta es una moneda al aire.

*Twitter: travelerjm