Descoordinación y falta de una policía federal aumentan cifras de inseguridad

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Los resultados mensuales de las estadísticas delictivitas del Sistema Nacional de Seguridad Pública eran previsibles en el registro cotidiano de un aumento en todos los índices de inseguridad, porque la sociedad ve la delincuencia todos los días y cada vez más cerca de su entorno.

El esfuerzo debe darse, entonces, en buscar interpretaciones a las cifras. La más obvia: el gobierno federal ha dado la consigna de no perseguir delincuentes a partir de la tesis de que el acoso a delincuentes por los gobiernos de Calderón y Peña Nieto sentaron las bases de una guerra criminal.

Hay otras:

1.- La descoordinación entre los tres niveles de autoridad y en los dos universos de inseguridad: el fuero federal y el fuero común. Las cifras mensuales de delitos son de fuero común, es decir, de responsabilidad de gobernadores y alcaldes. El gobierno federal sólo tiene la posibilidad de desplazar Guardia Nacional, pero sin instrumentos de combate. Y las policías locales están fallando.

2.- En 1999 se creó la policía federal como cuerpo de intervención nacional. En el 2019 se fundó la Guardia Nacional y se está liquidando a la Policía Federal. Las razones ya no explican el problema. Entre los delitos locales y la Guardia Nacional con funciones acotadas se volverá a la necesidad de tener una policía federal aparte o dentro de la Guardia para suplir a las policías estatales y municipales que se niegan a profesionalizarse.

3.- Los delitos tiene dos universos: el de la estructura de poder y la planeación y el de la realización. Policías y Guardia operan en el segundo plano. Por eso hace falta un sistema de inteligencia nacional que tenga el pulso real del funcionamiento de los delincuentes. El gobierno de López Obrador anunció un Programa para la Seguridad Nacional y un Sistema Nacional de Inteligencia y hasta ahora no se ven indicios de que se estén organizando. Sin inteligencia, la autoridad estará operando a ciegas ante los delincuentes.

Las cifras mensuales seguirán creciendo, la autoridad continuará con sus justificaciones, la sociedad entrará en zonas de pánico con consecuencias imprevisibles y los delincuentes seguirán sintiéndose en una fiesta delictiva sin que nadie les diga o haga algo.

La Guardia Nacional fue un paso y ya se vio que no muy seguro. Sin colaboración estatal o municipal y sin una policía federal nueva, la crisis de seguridad seguirá latente. El problema es que las cifras mensuales revelan que el gobierno federal ya agotó su estrategia y que todo quedó sin rumbo.

Ley de la Omertá

A partir de fragmentos de su enorme, profunda y compleja obra de Karl Marx, se han extraído algunos párrafos y un par de artículos para construir el librito titulado Elogio del crimen (ediciones Sequitur, Madrid). Se trata de un esfuerzo de pasar la delincuencia en todos sus niveles y formas por el filtro de la propuesta de Marx sobre lucha de clases.

Las pocas líneas encierran la complejidad del pensamiento reflexivo de Marx. Pero ayudan a darle una explicación audaz. La delincuencia es la expresión de una disputa por la riqueza, aunque ya no en la forma de relación entre propietario y obrero, además de generar artes y oficios alrededor del delito.

Inclusive, Marx cita el libro de Bernard Mandeville titulado La fabula de las abejas o los vicios privados hacen la prosperidad pública, cuya tesis es la siguiente: el mal convierte al hombre en criatura social; si el mal cesara, “la sociedad decaería necesariamente, si es que no perece completamente”.

La delincuencia, en este enfoque, es producto de la creación de riqueza y su concentración en pocas manos. Las violaciones a la ley tienen una explicación en factores económicos; se trataría de un empleo lateral o la forma en que delincuentes acceden a la riqueza y el bienestar por los caminos ilegales de apropiación de la riqueza privada, cuando los empresarios hacen lo mismo en el sistema productivo. Por tanto, delincuencia y pobreza tienen relaciones que hay que profundizar para explicarlas.

Siguiendo a Hobbes, Marx establece que el poder crea al Estado, que el Estado asume su condición dominante en base a un contrato social con la sociedad en el tema de la seguridad. Esta explicación, por cierto, se puede explicar en la crisis sobre la propiedad de armas en la Segunda Enmienda Constitucional en los EE. UU.

Para Marx, el delito es la lucha del individuo aislado contra las condiciones dominantes. En sociedad desiguales el delito es bajo o controlado en tanto el Estado tiene el poder de represión absoluta. Así, el Estado y el derecho serían expresiones de clase dominante: la ley protege la riqueza privada –mucha o poca, pero riqueza acumulada al fin– del acoso delictivo, pero en situaciones de alta concentración de riqueza y de enorme pobreza.

El enfoque del crimen desde el marxismo es una buena forma de enfocar la casis de seguridad. La delincuencia en sociedades socialistas sería una expresión de deseos de acumulación de riqueza sin pasar por el trabajo formal.

 

Zona Zero

  • El dato más revelador de las últimas semanas se localiza en el aumento de asesinatos por contrato en lugares públicos. Se trata, además de la violencia, de una falta de preocupación delincuencial por las autoridades federales, estatales y municipales.
  • Al final ce cuentas, la “alerta de género” no resuelve el problema de la agresión contra las mujeres por su condición de género. Algunos investigadores dicen que llevar la inseguridad a temas de género fragmenta el hecho de que se tratan de actos delictivos.
  • A pesar de muchos indicios, es la hora en que la estrategia de seguridad no incluye el tema de la reconstrucción de tejido social y de la estructura política en zonas delictivas, porque siguen casos en los que la sociedad apoya a delincuentes y agrede a autoridades.

El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
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