Marcos Marín Amezcua

La escandalosa renuncia de Medina Mora es una advertencia y también un
dechado de oportunidades. La advertencia echa por tierra lo que el
Poder Judicial al completo niega y reniega de ello más veces de las
necesarias: que no hay corrupción ahí y reafirma lo sucedido entonces,
que sí la hay y es de altos vuelos. Ya no merece callarse.

Sí, porque nadie renuncia a la Corte nada más porque sí. Ni siquiera
Medina Mora. Ni siquiera para lavar su nombre y ni siquiera para darle
gusto a un presidente, como trasnochados lo afirman sin pruebas.
Después de todo a Medina Mora se le señala desde el exterior por
transferencias que minimiza, que involucran a Gran Bretaña y Estados
Unidos, donde fungió inexplicablemente como embajador.

Inexplicablemente porque perfil de, jamás lo tuvo, tampoco. Desde allá
llega el señalamiento. Lo demás parece ya ser lo de menos.

Y se calla las razones el conspicuo personaje. No se renuncia nada más
para hacer que valgan las palabras de Lucha Villa, la reconocida
cantante vernácula: “No discutamos, porque después de la primera
discusión hay muchas más, hoy terminamos…”.  Palabras sabias que
describen un silencio del desprestigiado exministro que calló sus
razones de renuncia. Vergonzante renuncia. La Nación debería de
sonrojarse ante semejante sujeto. Y en su bochornoso actuar enloda el
nombre de la Suprema, no hay remedio en ello.

La Suprema Corte cual garzopeta, parada sobre una pata, no es que se
tambalee, pero en cambio decirle ¡ya basta de tanto retozo a la vista
de una Nación entera que le paga el sueldo!

¿Quiere alguien quedarse con la Corte? Ahí está el ministro Zaldívar
evidenciando en programa nocturno estelar, a toro pasado, a Felipe
Calderón por ir presionándola, sin necesidad de poner ministros
cómplices o a modo. Porque solo un iluso se traga que a la Corte solo
se la domina colocando ministros a modo. Aunque uno a modo y de los
graves, Medina Mora, dicho sea. Uno que renuncia y a saber si antes de
ser evidenciado, delatado, acaso. Uno que se va y así debe de ser, sin
pensión ni nada, como le pasaría a cualquier ciudadano de este país.
Uno, Medina Mora, que al renunciar nos ahorra su juicio político de
desafuero. Al renunciar lo pierde ipso facto, admitida la renuncia en
la cámara alta.

Las oportunidades derivadas de esta infausta renuncia, son muchas: 1)
Poner ahora sí, a un ministro con trayectoria judicial y no a uno como
Medina Mora. 2) Poner a un ministro probo, reconocido, no como Medina
Mora. 3) Poner a una mujer ¿Qué no las hay de trayectoria judicial?
Desde luego que sí. Si bien el gobierno de López propuso a una, en su
gran mayoría son varones los que alzan la mano. La Corte sigue cual
Club de Toby en manos de 9 varones frente a 2 mujeres. Por supuesto
que sería sano revertir esa mayoría y cierto es que hay más mujeres en
el ámbito jurídico que solo las dos que figuran allí. Amén de que hay
más mexicanas que mexicanos. La paridad es deseable. Desde luego que
sí. Y 4) Para abrir una urgente investigación exhaustiva al
exministro, atendiendo las investigaciones en su contra en el
extranjero. Y las que aquí se hallaren.

¿Ministros a modo es lo que viene? Nombre usted un presidente que no
lo hizo y todos lo negaron. Y por supuesto que la quemada de Medina
Mora salpica a los que lo propusieron y a los que lo impusieron. Aquí,
en este espacio se dijo entonces que no era la persona idónea. Ya se
vio lo certero del veredicto.

Entrando a los detalles, para análisis certeros quitémonos de la
cabeza que López Obrador se apodera de la Corte con cualquier
candidato que proponga o que si ya somos Cuba y zarandajas similares.
Vayamos serios al análisis.

Ningún presidente nombró candidato a ministro que le fuera ajeno.
Ninguno. La respuesta entonces no es política, sino jurídica. 15 años
en el cargo –cuando no deben de salir por la puerta trasera como
Medina Mora– daban para que si bien el de turno le deba favores al de
turno, se fuera alejando la relación ministro-presidente de la
República según pasaban los años y los sexenios. Se alejaban de su
esfera de influencia. Y así ha sido en gran medida, aunque Medina Mora
ya se ve y ya se sabe, que prefirió seguir sirviendo al PRI, pese a
que su carrera pública se la debe más al PAN.

Así, da igual si el que llega al cargo lo hace por  López. A López
Obrador no le alcanzará el sexenio para controlar la Corte, si se
trata de que coloque ministros afines. Solo su reelección lo
propiciaría. De lo contrario, el calendario no da. La renuncia de
Medina Mora advierte que nadie es eterno y que la Corte tampoco es de
nadie y a lo más, de los ciudadanos que la pagan y tantas veces igual
la sufren. La Corte no pertenece a ningún presidente y todos la han
influido con sus intereses. Así de sencillo, así que ni rasgarse las
vestiduras.

Si Medina Mora no enuncia las causas graves que la Constitución
mandata pero no describe ni detalla, para apartarse del cargo,
difícilmente otros podrán dilucidarlas. No les corresponde, sino
atenerse a los hechos. La Carta Magna es omisa al decir qué son y
cuáles aquellas causas graves de renuncia. Pues eso. Si no las enlistó
Medina Mora, el aludido, el susodicho…los demás a callar. Después de
todo es su decisión frenar su huida, una pestilente, justo lo que el
Poder judicial no requiere en este momento y ahora tiene para que sea
una mancha más al tigre. Retenerlo carece de sentido, admitirle
marcharse, beneficia a la Corte de todas, todas.

@marcosmarindice