Tras 29 días de violencia política y con casi 70 muertos por la represión del gobierno; estudiantes, trabajadores y empresarios nicaragüenses acudieron este miércoles un diálogo con el gobierno de Nicaragua para estrechar el cerco sobre el presidente, Daniel Ortega, y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, para exigir que abandonen el poder y se abra la vía de la democratización interna.

En un incesante acoso callejero a los opositores, fuerzas policiales y paramilitares del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el diálogo comenzó a las 10:00 horas locales (11:00 horas en el centro de México) en un seminario católico capitalino y fue mediado por autoridades católicas.

La cúpula católica y el movimiento de estudiantes, empresarios y obreros advirtieron que el diálogo se iniciará sin condiciones idóneas, ya que en días previos prosiguió la represión de las fuerzas oficialistas contra los grupos que, desde el 18 de abril, se lanzaron a las calles a protestar contra la pareja presidencial por la implementación de una reforma a la seguridad social que Ortega debió derogar ante las protestas.

“Esto será una mesa de rendición para que el gobierno se vaya y desaparezca”, alertó el universitario nicaragüense Víctor Cuadas, dirigente del Movimiento 19 Abril, al reafirmar que el trasfondo del diálogo deberá ser el fin del gobierno y la democratización del país.

Ortega, quien en 2007 asumió el primero de sus tres quinquenios consecutivos que concluirán en 2022 tras comicios acusados de fraudulentos, accedió el pasado lunes a la exigencia de diálogo establecida por la Conferencia Episcopal de Nicaragua de permitir el ingreso al país de una misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a “observar” la situación.

Murillo abogó por buscar las “condiciones apropiadas” para buscar soluciones. El gobierno de Ortega sólo ha reconocido 10 muertos en las protestas, pero organizaciones no estatales de derechos humanas hablan de casi 70.