La agenda temática de seguridad de los candidatos a la Presidencia de la República es un compendio sin forma, de lo que debería ser y proponer, en el que se limitan a prometer controlar o dar fin al problema de la seguridad en nuestro país.

Por principio de cuentas, las agendas deben contener una propuesta ideológica, una propuesta operativa y, no menos importante, una propuesta táctica. Estas propuestas deberían estar sincronizadas entre sí.

En primer término, la propuesta ideológica debe contener el reordenamiento de la seguridad en el país. Esto quiere decir que en el texto de la Constitución se debe incorporar la función de seguridad, como función de Estado y establecer como función de gobierno a la seguridad nacional, la seguridad interior y la seguridad pública, ya que actualmente existe una confusión ideológica y pragmática, cuando el artículo 21 constitucional describe a la seguridad pública, en el que su naturaleza se encuentra por debajo de la seguridad, como función de Estado, pero no fue concebido como tal en la reforma constitucional en materia de justicia penal y seguridad pública de 1994 que establece la seguridad pública.

Este es uno de los principales problemas actuales de la seguridad, en virtud de que el texto constitucional solo prevé la seguridad pública, pero omite colocar a la seguridad interior y a la seguridad nacional en dicho texto en un mismo nivel y debajo de la seguridad, como función de Estado.

El actual modelo ideológico de seguridad pública fue concebido desde la Constitución española de 1812 y ajustado a las constituciones mexicanas de 1824, 1857 y 1917, cuando la realidad actual en México es distinta y cuando han cambiado los conceptos, elementos y variantes de la seguridad en el mundo. Por ejemplo, la seguridad nacional apareció después de la segunda guerra mundial.

Este reordenamiento ideológico y conceptual debe alcanzar no solo la Constitución, sino el Plan Nacional de Desarrollo, el Presupuesto de Egresos de la Federación y los Programas Sectoriales de cada Secretaría de Estado, para ajustar planes, programas y recursos a la nueva estructura ideológica funcional de seguridad del país.

La lógica y el sustento ideológico de este planteamiento se encuentra en los propios fines del Estado como lo es, el bienestar general y la seguridad, desde la concepción de Estado de los antiguos griegos, pasando por la visión de Estado y seguridad de Maquiavelo, Thomas Hobbes, John Locke, Montesquieu, Jean Jacques Rousseau, y demás pensadores clásicos de la ciencia política, hasta el pensamiento ideológico del sociólogo alemán Max Weber que establece que el “Estado ejerce el monopolio de la violencia”.

Con todas estas ideas de Estado y seguridad, en esta primera aproximación se podrá, además, ordenar las facultades y atribuciones del Ejecutivo Federal en materia de seguridad, como función de Estado y en sus funciones de gobierno, como por ejemplo, la facultad para disponer de las Fuerzas Armadas para la seguridad interior y, evitar con ello, el desgaste innecesario del Ejército, Fuerza Aérea y Armada, en funciones de seguridad pública que no les corresponde.

Posteriormente, se deberán ajustar los conceptos y funciones en las legislaciones secundarias en materia de seguridad nacional, de seguridad interior y de seguridad pública, de tal forma que exista congruencia entre la seguridad, como función de Estado que se encontraría en la Constitución, en el Plan Nacional de Desarrollo, en el Presupuesto de Egresos de la Federación y en los Programas Sectoriales de cada Secretaría de Estado, con alcance a los conceptos de seguridad, como función de gobierno.

Al reorganizar la concepción ideológica mexicana de la seguridad, se reorganizaría algunos elementos de los documentos rectores de las políticas públicas nacionales, como el Plan Nacional de Desarrollo, del Plan DN-I y su similar en la Armada, de tal forma que se reestructurarían conceptos, alcances y funciones de las políticas de desarrollo nacional, de defensa nacional objetivos y estrategias. Este mismo alcance deberá ajustarse en la legislación federal vigente, para sincronizar sus alcances y atribuciones.

Actualmente cada instancia de seguridad hace lo que quiere, porque no hay existe una unidad conceptual que le imponga un deber operativo o táctico del que se desprendan funciones, atribuciones y líneas de coordinación y las aglutine, de tal forma, que interpretan la seguridad como mejor les conviene. Así se encuentra los elementos operativos y táctico de la seguridad. Falta tocar el tema de la corrupción al interior de las instancias y dependencias.

El autor es Maestro en Seguridad Nacional por la Armada de México

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